El Cultivador 12
69 pensamiento psicodélico E ran los años centrales del siglo XVIII, cuando el Neoclasicismo vino a imponerse como el movimiento estético preponderante en Europa. Como abanderado de la corriente filosófi- ca del Racionalismo, sus presu- puestos estéticos venían a afianzar todo lo proc l amado por l a Ilustración. El arte se plagó de imágenes que simulaban las formas del más puro Clasicismo (griego y romano), poblándose de arquitecturas realizadas según rigurosos cánones, que renegaban de la Edad Media, hoy tan querida gracias a las múltiples reinterpre- taciones que de ella ha hecho nuestra cultura más popular ( best sellers y filmografía como Los pilares de la tierra , El Señor de los Anillos o Juego de Tronos ). El Neoclasicismo había desente- rrado el pasado iniciando las primeras excavaciones arqueoló- gicas, como las de Pompeya, y había creado los primeros museos tal y como los conocemos hoy día (por ejemplo, el Louvre en París). Napoleón había sido un gran impulsor del panorama artístico. Sin embargo, esta corriente de pensamiento tan centrada en la Razón como principal elemento analítico y que representaba la mesura y hasta el encorsetamien- to, no podía existir sin que se gestara de forma paralela una suerte de “contracultura” que rei- vindicaba la libertad de acción y la subjetividad como contrapunto. Así, coincidiendo con la decaden- cia del poder napoleónico, a prin- c i p i o s d e l s i g l o X I X , e l Romanticismo se hizo un hueco, g a n á n d o l e l a p a r t i d a a l Neoclasicismo y prefigurándose como la corriente estética que iba a arrasar los círculos culturales e intelectuales europeos. El Romanticismo de los libros, el original, ese que no se refiere a los gestos y detalles corteses entre dos enamorados, a pétalos de rosa encima de la cama o un baño preparado con velas, definía a todos esos “locos” que no se sentían parte de un mundo predetermina- do, sino que vivían sus propios caminos; definía la búsqueda de libertad y sentimiento, valorando como auténtico lo extraño, lo diferente, lo lejano a la norma. Eran los hippies antes de los hippies . Claro que sus vidas eran más dramáticas, inmersas en la melancolía, tristeza o depresiones que les provocaba el choque de su idealismo más soñador con la realidad más cruda. Anhelaban paraísos exóticos y épocas pasadas que nunca habían conocido. Para los artistas románticos, la persecu- ción de la sublimidad, entendida como la mayor grandeza estética, desde su comienzo, el Romanticismo es- taba claramente ligado al espíritu revolu- cionario
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