El Cultivador 12

72 pensamiento psicodélico gobierno de Gran Bretaña era el dispensario principal de opio, existiendo tal excedente que llegó a comercializarse entre la gente de a pie gracias a las boticas y grandes distribui- doras. Cuando Quincey se hizo o p i ó f a g o , y a h a b í a n comenzado a sintetizarse la c a f e í n a , l a c o c a í n a y l a quinina, entre otros; todo ello como producto del avance científico que se produjo de la mano de Friedrich Sertuerner de Paderborn, cuando obtuvo morfina del opio. Esto conllevó un aluvión en masa de científicos afanados en sin- tetizar otras sustancias y estudiar las plantas alcaloides. Además, la morfina pasó a ser c o n s i d e r a d a c o m o l a “medicina propia de Dios”, y era habitualmente usada en la vida diaria. El láudano y la morfina pronto se convirtie- ron en remedios para los males más comunes; medica- mentos que ayudaban a l descanso, eran analgésicos y se utilizaban para combatir la ansiedad y la tos, por ejemplo. Como dato curioso: en el año 1925, el láudano se vendía en las boticas españolas a 30 céntimos el gramo. Samuel Taylor Coleridge, escritor considerado precursor del Romanticismo inglés fue un famoso consumidor de opio. Lo utilizaba con fines analgésicos, lo cual por aquel entonces, como decíamos, era muy común, así como su dis- tribución en boticas, ya que la estigmatización actual de la droga no existía en tal época. Llegó a escribir su poema Kubla khan , reflejando los sueños fantásticos que le había provocado el opio. Era íntimo amigo del artista multidiscipli- nar William Blake, del cual aunque no se han hallado pruebas de que consumiera, sí que ha supuesto un referente para los artistas psicodélicos por sus poemas ilustrados. Lo que sí se conoce, sin embargo, es su predisposición a la aluci- nación y visiones que han marcado su hacer artístico. Y es que el polifacético artista defendía una vida sin los l ími tes impues tos por e l mundo f í s i co, s ino en l a libertad infinita de la imagina- ción. Como buen romántico que se preciara, su espíritu era revolucionario y su ideología, expresada de forma recurren- te, aludía a menudo a los me- canismos de control de los que hacían uso las instituciones mundanas, que no eran otra cosa que el miedo y el poder que destilaban sus presuntas verdades, expuestas de forma categórica. Fue un fragmento de la obra de Blake El matrimonio del cielo y el infierno el escogido para baut i zar e l l ibro de Aldous Huxley ( Las puertas de la percepción ) y al grupo mus i ca l ps i codé l i co The Doors: “Si las puertas de la percepción se purificaran todo se le aparecería al hombre como es, infinito” . Sus poemas marcaron a los músicos psico- délicos, llegando al punto de labrarle a su arte el título de vi- sionario. El consumo de drogas estuvo a menudo ligado a en- fermedades psiquiátricas, aunque no porque fueran su origen. Richard Dadd, por e j emp l o , p i n t o r i n g l é s durante el avanzado siglo XIX, sufría de un trastorno bipol ar . Su obra es taba compuesta por un imaginario p l a g a d o d e f a n t a s í a y onirismo, y se considera entre lo que comúnmente se d e n om i n a “ P i n t u r a d e hadas”, ya que eran habitua- les en su hacer imágenes de gnomos, elfos, hadas y duendes. Su obra The fairy feller’s master-stroke ha ali- mentado la curiosidad de muchos e incluso el grupo Queen le dedicó una canción. Dadd fue adicto al opio. Su historia es dramática puesto que su adicción agravó su en- fermedad y durante un viaje realizado a Egipto tuvo una crisis y acabó creyendo que el d i o s O s i r i s l e h a b í a nombrado su sacerdote. La mayor parte de sus trabajos, de gran atención por el detalle, fueron realizados en la institución psiquiátrica en que fue recluido tras haberse vuelto contra su padre. Como observarán, el opio estaba a la orden del día y el cloral y el láudano eran igual- mente consumidos de forma popular. John Anster Fitzgerald, otro pintor de hadas de la época victoriana, hacía uso de la fantasía que potenciaban estas sustancias para sus obras. Son famosas sus ilustraciones, entre las que se encuentra Alicia en el País de las maravillas . Todo parece estar ligado y no es baladí que todos estos artistas se inspiren en obras li- terarias que comparten su afición a las sustancias y en- cuentran en ella su inspiración o el resorte que ponía en fun- cionamiento sus mecanismos creativos. No debiéramos dejar de valorar su labor de in- vestigación y documentación de los procesos que genera el consumo, y agradecer sus esfuerzos por desmitificar y naturalizar las sustancias. Su creencia en la libertad de decisión individual es, en última instancia, una de sus mejores aportaciones, y su espíritu revolucionario y rei- vindicador de ello, un gran legado. Esto conllevó un aluvión en masa de científicos afanados en sintetizar otras sustancias y es- tudiar las plantas alcaloides

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