El Cultivador 12

mundo cannábico 81 masiado húmedo en esta época del año. Los vuelos fueron tranquilos, pero esta- mos cansados y con ganas de fumar. Tenemos tres horas de es- cala, así que decidimos salir del aeropuerto para ir a comer a Port Royal, un pue- blo a una media hora, en la costa. Es como una ciudad fantasma, que fue un puerto mercante muy rico des- truido a finales del siglo XVII por un enorme terre- moto. Pareciera que nunca se ha llegado a recuperar. La mayoría de los edificios si- guen medio derruidos. Comemos en un pequeño restaurante de pescado, fa- moso por su pargo. Pero yo como pollo jerk ya que soy un poco escrupuloso con el pescado, y las especias loca- les para el jerk son increí- bles. Por supuesto, bajamos la comida con una cuantas cervezas Red Stripe y Simon y yo decidimos que ya era hora de ir a buscar algo de yerba. No nos lleva mucho tiempo que nos tocara la lo- tería: literalmente al lado de la comisaría de policía, en la línea del mar, hay unas ba- rracas y chabolas; dentro, un grupo de Rastas está lim- piando y cortando yerba y enrollándola en pequeñas bolas utilizando papel de fumar como recipientes. Preguntamos si podíamos comprar un poco, y los tipos se entusiasman. Es barato, menos de 1 euro dentro, un grupo de Rastas está lim- piando y cortando yerba y enrollán- dola en pequeñas bolas utilizando papel de fumar como recipientes

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