El Cultivador 13

67 pensamiento psicodélico E n los artículos anteriores de e s t a m i s ma serie, habíamos comenzado a recorrer la tra- yectoria en que las artes visuales se aproximan a la Psiconáutica. No siempre éstas han sido la expresión de los anhelos por profundizar en nuevas formas de percepción. Si bien la Psicodelia y el arte psicodélico son la más clara y evidente muestra de esta corriente psico- náutica, no podemos dejar de encontrar una intención similar en el arte de épocas previas. Ya habíamos repasado el siglo XIX, y cómo el devenir de ámbitos como la política y la filosofía habían influenciado el panorama internacional posibi- litando el nacimiento del Romanticismo como movi- miento artístico caracterizado por sus ansias de libertad, su defensa de la subjetividad y la originalidad, y su carácter idealista. Los románticos o esos “hippies” decimonónicos en- contraron en el consumo de sustancias, tales como el hachís o el opio, una vía de escape idónea a esa realidad tan cruda que tanto les disgustaba y una puerta a nuevos caminos de in- vestigación y experimentación sobre la percepción o la crea- tividad humanas. Sin ir más lejos, sólo han de recordar la alusión realizada al Club des Hashischins parisino, donde autores de la talla de Eugène De l acroi x o Ví c tor Hugo tuvieron contactos con estas sustancias. La facilidad para acceder a sustancias como el opio o el láudano en boticas y la permisi- vidad con que se gestionaba su consumo facilitaron su utiliza- ción entre los círculos de inte- lectuales y promovieron nuevas investigaciones en este campo antes desatendido. Algunos de los interrogantes que planteaba el uso de estas sustancias estaban relacionados con el grado de influencia que tenían en los procesos creativos. Su utilización no sólo estaba ligada a lo lúdico, sino también favorecía el surgimiento de estados mentales propicios para la creación artística. Muchos fueron los que se sumaron a las listas de consumidores por este mismo motivo. Asimismo, habíamos porme- norizado sobre el modo en que el Surrealismo –ya en el siglo XX-, ejemplificado en uno de sus máximos representantes, Salvador Dalí, había indagado en los terrenos más desconoci- dos de la mente, animados por los avances de las investigacio- nes en Psicología, en concreto impulsados eminentemente por las teorías freudianas del Psicoanálisis. El inconsciente y los sueños ofrecían un amplio i ma g i n a r i o i d ó n e o p a r a expresar lo más ocul to y escondido del alma humana. De este modo, los cuadros surrea- listas, hoy presentes en nuestros museos, se plagaron de colorido brillante, de escenas inverosí- miles, o de figuras inexistentes en nuestro mundo tan racional y estático en sus leyes. Como observamos, ya antes del surgimiento de la Psicodelia pura y dura, podemos rastrear en la Historia del Arte artistas visionarios que dieron pincela- das -nunca mejor dicho- de aproximación a esta corriente, o que supusieron un espejo en que mirarse para todos aquellos na- vegantes de la percepción: desde Hieronymus Bosch (el Bosco), con sus representac iones plagadas de criaturas inventadas, "Después de Salvador Dalí y el Bosco, es el pintor más psiquedélico de todos" Ernst Fuchs, el visionario más ecléctico por Lupe Casillas

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