El Cultivador 13
70 pensamiento psicodélico por excelencia, daba buena cuenta de esta práctica en su obra: se proponía plasmar mediante el automatismo, imágenes de su inconsciente, aunque él mismo no compren- diera su significado. Sus pinturas se plagaron de imágenes simbólicas nada realistas, o sin sentido racional, cuyo significado a veces hasta a él mismo se le escapaba. Con ello, generó un lenguaje simbólico específico de su obra y muy relacionado con el psicoanálisis freudiano y la interpretación de los sueños (por ejemplo, las hormigas aludían a la muerte, las langostas al miedo). En e l caso de l a Escue l a v i e n e s a d e R e a l i s m o Fantástico, el significado de los símbolos de que hacía uso, eran comprensibles racionalmente, característica que ya diferencia esta escuela del Surrealismo de forma muy radical. Su práctica se opondría al automatismo su- rrealista. Algunos estudiosos de la materia lo han bautizado como “realismo psíquico”. Sea como fuere, su lenguaje no conoce barreras, y los motivos alegóricos-simbólicos que utilizan en su pintura son acce- sibles a todos. Los componentes de esta agrupación artística no tienen mu c h a s c a r a c t e r í s t i c a s comunes. Si bien, como comen- tamos, crean un lenguaje alegórico-simbólico accesible, otro de los puntos que comparten es su interés por el estudio de la Historia del Arte, indagando en las técnicas de sus antepasados, especialmente de los pintores góticos y clásicos, realizando obras que los acercan a la técnica de pintura al óleo de Van Eyck. Todo ello combinado con gran detallismo. Gustaban de dotar a su pintura de carácter literario, aludiendo a temas o represen- tando escenas de la literatura. Salvo por esto, las obras de sus integrantes difieren en todo lo demás: en su técnica personal, el acabado de sus obras, la calidad de las mismas… Entre los años 1945 y 1951, Ernst Fuchs integra junto con otros artistas, literatos y músicos el Art Club , grupo in- teresado en defender la autonomía del arte moderno y la libre expresión frente al dominio nazi, especialmente tras la ocupación de Austria y su anexión a la Alemania nazi, en 1938. Y compone en 1950, asimismo, junto a Arnulf Rainer, Arik Bauer y Josef Mikl, el Hundsgruppe (“grupo de perros”), unidos por su interés por la arquitectura y el arte surrealista. No sólo se aventuró en los nuevos terrenos que le abría el consumo de sustancias enteó- genas como el peyote, sino que se molestó en retratar sus ex- periencias, con unas formas y unas técnicas que serían el pre- cedente de artistas cuyas obras serían portadas para discos, como Abraxas (1970), del gui- tarrista Santana. Sólo un gran conocedor de la realidad que lo rodea puede adelantarse a su tiempo, vaticinar con su propia expresión lo que otros, de mentes más dormidas, aún no han imaginado. Como afirmó el cineasta Federico Fellini, a cuya propia obra denomina realista fantástica –nombre que irónicamente comparte con el grupo que integra Fuchs, a pesar de ser ajeno a éste-, “el único realista de verdad es el visionario” . Ernst Fuchs es el ejemplo involunta- rio de artista visionario, pero sobre todo, es el ideal de eclec- ticismo, ya que aúna en su obra el fruto de la investigación de su vida: fija su mirada en los maestros medievales, especial- mente en El Bosco, Grünewald o Pieter Brueghel, observa el hacer de artistas italianos de la talla de Alberto Durero o el in- igualable Miguel Angel, mira a la tradición local encarnada en las obras de Gustav Klimt o Egon Schiele y a artistas españoles contemporáneos como Gaudí, Dalí o Picasso. Su estudio y análisis exhaus- tivos posibilitan que mediante su excelente uso del óleo consiga aportar a sus cuadros ese brillo único. Su técnica es una indudable muestra de una gran asimilación de la Historia de la Pintura y de su gran vir- tuosismo. Esta técnica es el legado que deja al arte psicodé- lico, cuyas obras destacan por el brillo de sus colores intensos y por los detalles fantásticos que se insertan en composicio- nes por lo demás, realistas. Insaciable en su curiosidad, al principio su obra trata temas en boga en el panorama inter- nacional, imbuido en el clima europeo posbélico: la muerte, las catástrofes, el hambre... Su obra expresa mediante elementos propios de la icono- grafía e imaginería cristiana la agonía característica de un período tan convulso y dramático, y el impacto de acontecimientos tales como el estallido de la bomba atómica de Hiroshima. Con el paso de los años, su obra adquiere un espíritu más metafísico, y comienza a estudiar la Cábala y a interesarse por la religión, dando nuevos significados a elementos de la tradición religiosa. En otros terrenos del arte, restauró y decoró la Villa de Otto Wagner –artista moder- nista austríaco del Judgenstil- para reabrirla como museo dedicado a su propia obra, colaboró con Dalí ejecutando esculturas que adornarían su Teatro-Museo en Figueras, e incluso elaboró decorados para óperas de Wagner. ¿Qué mejor modelo de libertad y lucha podían encontrar los psicodélicos? Multidisciplinar, luchador, comprometido, visionario y, sobre todo, ecléctico hasta la médula, pocos antes, fueron capaces de aunar tradición y modernidad sin que ningún elemento chirríe, y mantenien- do la legibilidad del mensaje. Aunque no esté en tu lista de artistas favoritos, es innegable que se merece una mención especial. No es de extrañar que la Psicodelia le haya mirado con tanta devoción. Pocos fueron capaces de aunar tradición y modernidad sin que ningún elemento chirríe Esta técnica es el legado que deja al arte psicodélico, cuyas obras destacan por el brillo de sus colores intensos y por los detalles fantásticos
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