El Cultivador 14

67 pensamiento psicodélico H uyendo de una exposi- ción de artículos co- r r e l a t i v o s , espero que, al menos, las pinceladas espontá- neas que aquí se dan, sí ayuden a vislumbrar el modo de pensar de figuras que han rizado el rizo, que nos aproximan a la in- dagación, a la investigación de la vida humana de la forma más natural o mundana, movidos por una intención que bien podría calificarse de científica y haciendo uso de sustancias en- teógenas. Dejando atrás mis pretensio- nes primeras, me gustaría pre- sentaros en esta sección a algunos personajes que quizá nos hagan reflexionar un poco más profundo de lo habitual. El caso que hoy nos ocupa es el de Henri Michaux. Ya habíamos explorado figuras de artistas cuyos intereses se extienden a múltiples soportes, lo que hoy entre los “fans” del arte se entiende como “artista multidisciplinar”, y que para otros se ha asociado siempre a la idea de genio; perfectamente encarnado en el modelo de artista que es Leonardo Da Vinci, que se dedicó a investi- gar en ingeniería hidráulica, en anatomía o en zoología. Dalí, cuya obra analizábamos ante- riormente aquí, se interesó por la psicología, la pintura, la química y la física, y fue escultor, pintor, decorador y joyero. Henri Michaux no podía ser menos y, a pesar de que inició su carrera como escritor, pronto se afanó en prácticas como la pintura. Si bien pueden resultar ámbitos de expresión claramente dife- renciados, la intención de Michaux los unía como canal de comunicación de su yo más personal: “Escribo para reco- rrerme. Pintar, componer música, escribir es igual a re- correrme. En ello reside la aventura de ser en la vida”. Henri Michaux (1899-1984) se nacionalizó francés, a pesar de haber nacido belga. Vivió en Bruselas, donde comenzó la carrera de Medicina. Pero su inquietud le llevó con veinte años a enrolarse en un navío de la marina francesa y viajar. Viajar marcaría su vida. En primer lugar, estuvo en Río de Janeiro y Buenos Aires. Al volver a Bruselas, publica sus primeros escritos y se traslada a París. Este nuevo hogar, posibi- lita su acercamiento al surrea- lismo de la mano de Max Ernst, Paul Klee, Dalí y Giorgio de Chirico. Visita Ecuador y Extremo Oriente y de sus expe- riencias extrae ideas para la concepción de sus libros Ecuador (1929) y Un bárbaro en Asia (1933). Continúa mo- viéndose por el mundo y escri- biendo, incluso escribe sobre paisajes imaginarios de lugares inventados ( Viaje por la Gran Garabaña , 1936). Cuando estuvo en Extremo Oriente, Henri Michaux hizo un hallazgo importante: descubrió los ideogramas chinos. Hasta entonces, él percibía el alfabeto, la palabra y la escritura como una forma de comunicación hermética, que no permite aludir más que a un concepto. Por tanto, al ser testigo de que la forma de escritura china se basada en los ideogramas, “Escribo para recorrerme. Pintar, componer música, escribir es igual a reco- rrerme. En ello reside la aventura de ser en la vida” El viajero Henri Michaux Cuando me otorgaron la posibilidad de escribir en esta sección que aunaba Psi- conáutica y Arte, me pareció obvio que seguir una línea cronológica ayudaría a generar una visión del modo en que ha evolucionado la representación visual de la búsqueda interior a que invita el consumo de sustancias. Pero me temo que la redacción de estos artículos no puede considerarse una Historia de la Psico- náutica en el Arte. No soy yo tan ducha en la materia y una explicación lineal puede provocar encorsetamientos. por Lupe Casillas

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