El Cultivador 14
para que le sirvan de inspiración o de punto de partida para improvi- sar. Toda la energía se agota en ellos. Ese es el precio de su velocidad, su independencia.” A la velocidad y al movimiento. Coger un papel y dibujar sobre él, sin apenas tener un objetivo. Comentaba el autor francés que, es tal la velocidad en que la mente cambia su intención, que el dibujo espontáneo no es otra cosa que el intentar sobreponerse a imágenes por plasmar constantemente, es como tratar de expresar imágenes que pasan por tu cerebro a toda velocidad. Como si dibujar se con- virtiera en seguir una línea constan- temente cambiante, recorrerla. De ahí que Henri Michaux se preocupe por el recorrido y no por la meta: “En lugar de una imagen que excluye a las demás, me habría gustado dibujar los momentos que, uno junto a otro, se suceden y conforman una vida. Exponer la frase interior, una frase que no tiene palabras, para que la gente vea una soga que se desenrolla si- nuosamente y que acompaña ínti- mamente a todo lo que nos afecta, ya sea desde el exterior o desde el interior. Quería dibujar la concien- cia de la existencia y el flujo del tiempo. Como cuando te tomas el pulso”. Aunque su lenguaje es indescifra- ble y cambiante por su espontanei- dad, el dibujo le permite a Michaux huir de las reglas y convencionalis- mos así como del hermetismo al que el lenguaje escrito somete. Las palabras encorsetan los conceptos a que aluden por su carácter restricti- vo natural, pero el dibujo es un fluir constante de expresión no hermética. Simplemente abre las comunicaciones con su yo más genuino al representar lo que pasa por su cabeza con rapidez e inme- diatez, y a modo de pulsión, como si estuviera imbuido en un frenesí o trance pictórico. pensamiento psicodélico Sus dibujos son generados por la expresión más pura de la mente, inherentemente ligada a la espontaneidad y la improvisación Retrato de Henri Michaux
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