El Cultivador 14

mundo cannábico 82 la salada y que crea fuertes co- rrientes y capas de agua fría con caliente mezclándose. Tras la entrevista a Arjan, es el turno de las entrevistas a nuestros guías y es fascinante escuchar sus historias sobre Jamaica. Recogemos cerca de la hora de comer, luego cargamos los coches y conducimos a nuestra próxima cita con un Rasta lla- mado “The Field Marshal” (el Mariscal del Campo). Vive en una casa del árbol, adentrada en el bosque, hacia el interior desde Port Antonio. Seguimos un camino de tierra entre Colinas y bisques y, de re- pente, Boboshanti nos dice que paremos el coche. Sale de un salto y empieza a gritarle al bosque. Después de unos minutos aparece un Rasta flaco de entre los arbustos y nos dice que le sigamos. Caminamos unos minutos y llegamos a la casa del árbol. Es un lugar extraño. Nos sentamos en el porche, ignorando el frondoso bosque, y el Field Marshal nos ofrece algo de beber de su medicina natural, la misma clase de pro- ducto que probamos en casa de Blacka. Un pequeño sorbo es suficiente para quemarme la garganta y molestar al estó- mago, pero antes de tener tiempo de sentirme incómodo el Field Marshal me pasa un cáliz (la pipa de agua original Rastafari, hecha con una cás- cara de coco). Echo una calada tras otra, y en unos 30 segundos estoy tan colocado que casi no puedo ha- blar. La hora siguiente la tengo difuminada. Seguimos fumando cáliz tras cáliz, y cada vez que el Field Marshal enciende uno y nos lo pasa, gritando “Caliente, ca- liente, caliente… Fuego! Rojo!” con sus locos ojos rojos, es hi- larante. En un momento dado (no estoy seguro del tiempo que pas) llega el momento de irnos y volver a Wi Yard Anna Banana, el gran restaurante de la playa, donde Lindsey ha or- ganizado una jam-session es- pecial en nuestro honor. Llegamos y nos encontramos con varios artistas pasándolo Mandamos a un niño a que ofrezca yerba a la comunidad (un procedi- miento normal en estos casos) y nos sentamos a charlar y fumar

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