El Cultivador 15

31 cultivo exterior no creía, no eran tan buenas. A ello se le unía la ignorancia del novato… En fin, para no abu- rriros con detalles os contaré que se olvidó de la semilla, la cual permaneció en su vaso de agua toda una semana. ¡Ahí es nada! Cuando ponemos una semilla en un vaso de agua, en unas horas después, entre 24 y 36, una pequeña raicilla comienza a salir de la semilla y ese es el momento ideal para pasarla a tierra. Si hace frío, la raicilla tarda más en aparecer y si hace calor todo el proceso se acelera bastante. Como esta semilla lle- gó al vaso de agua ya en verano, debido a las altas temperaturas la raicilla saliómuy rápidamente y al acabar la semana, tenía una longitud de unos 5 centí- metros. Coger una semilla del agua de la que cuelga una finí- sima raíz de 5 centímetros, sin romperla ¡es una ardua tarea! Es extremadamente difícil que no se rompa, y hay que tener bastante habilidad en los dedos (labor poco apta para torpes) además de una dosis de buena suerte. Si rompes la raicilla la has fastidiado pero bien. Cuan- do parecía misión imposible apareció nuestro protagonista, y salvó a la semilla y su delgada raicilla por los pelos. “Cuando vi aquella semilla con un largo filamento saliendo de su interiorme quedé flipado” recuerda nuestro entrevistado, “La verdad es que pensé que moriría en el intento" . Con sumo cuidado preparó una ma- ceta pequeña, de medio litro que rellenó con buena y espon- josa tierra comercial específica para cannabis y sin abono, que él mismo trajo de su casa. “Cuando vi el desastre pensé que, si conseguía sacarla del vaso sin romper la raíz tan fina, tendría que ser depositada en una tierra de sustrato es- ponjoso y fácil” , recuerda to- davía alucinado de que todo hubiera llegado a buen puerto. “Pero afortunadamente lo hice bien. Con sumo cuidado cogí la semilla y la saqué con la raíz colgando, y una vez de- positada en la tierra, la cubrí con más tierra pero con sumo cuidado, sin casi apretujar el sustrato” . En efecto, de haber apretado un poco más de lo justo la tierra que cubría la raíz, ésta se hubiera quebrado y se- parado de la coraza de la semilla, del cascarón. Pero milagrosa- mente todo salió bien y nuestro entrevistado, después de aplicar un primer riego con agua muy limpia y EC muy baja, se la dejó a su dueño con el corazón en un puño. “Pensé que no la volvería a ver con vida” nos cuenta su salvador haciéndome reír. ¡Coño, qué dramatismo! Así se lo digo cuando se me pasa algo la risa ,pero él se de- fiende. “Nunca había cultiva- do una Early Skunk y tenía muchas ganas. Además es una genética conseguida con trabajo y me jode la gente que deja morir sus plantas. Y da igual que sean de can- nabis, de geranios o de lo que sea”. Dos semanas después, nuestro buen samaritano regresó a ver a su amigo y cuando vio el es- tado de la plantita, montó en cólera. “¡Coño, tío, es que estaba muerta de sed y con un aspecto deplorable!” , me cuenta. “Mi amigome vio cabreado y como en el fondo no tenía esperanza alguna en la planta me la re- galó" . Lo destacable, ami juicio, es que la plántula hubiera con- seguido crecer casi todo un pal- mo hasta el momento de su rescate. Cualquier cultivador experto sabe que esto es difícil dada la idiosincrasia del can- nabis cuyo crecimiento es ex- ponencial más que aritmético. A partir del momento en el que la birria de plántula llegó a jar- dín de su nuevo dueño, todo se olvidó de la semilla, la cual permaneció en su vaso de agua toda una semana

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