El Cultivador 15
además de todas las personas que, bien por no tener un tra- bajo, bien por rechazar las re- glas de la sociedad o por no tener recursos, no están cu- biertas. ¿Quién encarna mejor a este tipo de persona? Me encanta hacer preguntas retóricas, lo admito. Creo que es el mejor modo para des- pertar la consciencia del que no acepta una opinión difer- ente. Debido a las persecuciones de la DEA, consiguieron diez- mar (mediante encarcelamien- tos) la llama anti-sistema, que había sido perpetuada por los “hijos de las flores”. Este tipo de actos se pueden considerar el mayor ataque contra el pen- samiento libre. En algunos pueblos de los Estados Unidos, un segundo arresto por pos- esión de cannabis en los años 70 podía significar cadena per- petua. ¿Por qué en los años sesenta la heroína tenía un precio tan bajo? ¿Quién estaría intere- sado en acabar con millones de jóvenes? ¿Han sido los mis- mos que han querido la pri- vatización de la sanidad y la creación de la DEA como in- strumento de represión? Probado está que los hippies encontraron un gran apoyo en los años sesenta y en la dé- cada siguiente, a causa de las drogas duras y la degradación que estas generaron, se trans- formaron en sinónimo de tox- icómanos y marginales. Una b a t a l l a s i l e n c i o s a q u e vencieron los enemigos de la contracultura. Afortunada- mente, no han sido capaces de borrar de la historia lo que produjo el movimiento hippie, ni impedir el brote de ideales expandidos en algunas con- ciencias de la época, ideales fundamentados en invertir la pirámide de poder, la eterna lucha entre el bien y el mal, “el imperio contra los rebeldes” de Star Wars, el pacifismo, el amor libre, la desaparición de los prejuicios, de las castas, la diversidad y, obviamente, ¡el amor y respeto hacia al cannabis! Los ideales de la contracul- tura han sobrevivido con fuerza hasta nuestros días. Hoy, cada uno de nosotros tiene la posibilidad de estar mucho más informado que los hippies de los años sesenta. El arma que hizo desaparecer el movimiento fue la autode- strucción y estigmatización so- cial derivada de las drogas duras (y prohibidas), creando la errónea imagen del cáñamo como “droga que lleva a otras drogas”. Los interesados en el movimiento deben ser con- scientes de los errores cometi- dos. Nos dejaron una herencia filosófica de gran relevancia y fue el primer momento en el que los jóvenes cuestionaron los viejos pilares sociales y a los poderosos, pero actual- mente los “hijos de las flores” son mucho más astutos que en aquella época y también son más conscientes de las formas en las que trabaja el poder. Las corrientes de la legal- ización del cannabis contem- poráneo tienen su origen en los “supervivientes” de aquel periodo de esperanza y amor. A medio siglo de todo lo ocur- rido, tenemos la posibilidad de reafirmarnos y reprobar el juego de los “grupos de poder”, que quieren acabar con la lib- ertad del individuo. Ahora se trata de una guerra informa- tiva y nuestra arma es la con- trainformación. Como dijo William Shake- speare en Ricardo IV: "Si vivi- mos, vivamos para caminar sobre la cabeza del rey.” 65 cáñamo, una historia de amor Los ideales de la contracultura han sobrevivido con fuerza hasta nuestros días Nixon
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