El Cultivador 15
67 pensamiento psicodélico Q uizá pueda re- sultaros más in- teresante una aproximación, innegablemente superficial, a fi- guras de la Historia del Arte cuya obra, en distintas vertientes, pue- de hallarse influenciada por el uso de las drogas. El impulso al consumo, bien puede producirse en ellos por diversos motivos, bien por entender el consumo como un medio de potenciación de la creatividad o bien por la intención de iniciar un viaje por los parajes más recónditos de la mente, convirtiéndose en espec- tadores activos en un proceso de anulación o eliminación de las barreras que la razón impone en nuestra percepción, para observar el funcionamiento de la mente humana en su “estadomás puro”, más irracional. El caso que hoy nos ocupa es, de todos, el más atípico, quizá porque se desbanca de la tónica habitual que venimos siguiendo, o porque de un modo último sólo pretende servir de excusa para invitar a la reflexión, para plantear preguntas. Aunque Andy Warhol es la figura elegida hoy, no lo es tanto por su reflexión acerca del consumo, como por su relación con él. Como icono de la vanguardia artística en los Estados Unidos a partir de los años 60 (época más que contro- vertida para el consumo de sus- tancias), su persona está indis- cutiblemente ligada a la contra- cultura y a la cultura del consumo. Máximo exponente del Arte Pop, Warhol es reconocido interna- cionalmente por sus cuadros de repeticiones en color de Marilyn Monroe, Elvis Presley o latas de sopa de tomate. La gente compra réplicas de sus obras porque les gusta y es moderno, o transfor- man fotos personales a lamanera warholiana . De ascendencia eslovaca, su fa- milia se estableció en los Estados Unidos, donde nació el artista. Una infancia de enfermedad lo volvió hipocondríaco y pasó lar- gas etapas de reposo dedicado a coleccionar imágenes de estrellas de Hollywood y dibujar. Más tar- de estudiaría Arte comercial en la universidad debido, sin duda, a que sus hobbies de adolescencia maduraron en su posterior labor como ilustrador y publicista. Esta trayectoria personal y la- boral, llevaron a Warhol a gran- jearse un puesto como ilustrador para la RCA (discográfica ame- ricana que hoy es propiedad de SonyMusic Entertainment), ela- borando portadas de discos. He- mos de imaginarnos la labor de Warhol encuadrada en el Nueva York de los años 60, la de los hijos del boom publicitario; en un contexto como el que se re- trata en la serie de televisión Mad Men, lleno de mentes que crean marcas, que venden pro- ductos a una sociedad a la que parecen haber psicoanalizado y desenmarañado, conociendo sus anhelos y prestando atención a sus comportamientos, y que a su vez convive con esa revolución juvenil de hippies y LSD, de hap- penings y cantautores. The Factory o el arte de hacer dinero En el artículo anterior, dedicado a la figura de Henri Michaux, ya se comentaba la dificultad de concebir esta serie como un discurso homogéneo o lineal, pues dicha labor requiere gran profundidad en el tratamiento de temas y mucha dedicación al contexto en que se desarrollan. Por tanto, se ha decidido dedicarlos simplemente a tratar figuras cuyo trasfondo re- sulta relevante para la comprensión del modo en que se han venido consumiendo sustancias en los círculos artísticos. por Guadalupe Casillas su persona está indiscutiblemente ligada a la contracultura y a la cultura del consumo Andy Warhol Museum
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