El Cultivador 15
pintura de Velázquez o las cajas de detergente Brillo de Warhol? ¿Nos hemos vuelto locos y esto sólo es una representación del decadentismo a que estamos abocados? ¿O se nos escapa algo vital para creer en la va- lidez de su obra? Ese excéntrico de pelo blanco cuya obra cuestionó los límites del Arte no nos interesa tanto por ello como por ser cara visible y creador de The Factory. Ese estudio situado enMan- hattan en que se reuníanWarhol con sus seguidores para “investigar” sobre las posibilidades artísticas y crear nuevas obras de arte, como su propio nombre indica, era un lugar común en que se “fabricaban” las obras de arte. Como cualquier fábrica poseía el elemento clave de la producción en serie. La técnica para realizar una obra era la serigrafía, lo que permitía que una vez elaborada la imagenmo- delo, esta podía ser repetida tantas veces como se quisiera, en diferentes tonalidades. Muchas veces, Warhol sólo elaboraba la primera imagen y esta era copiada por los asistentes a The Factory mediante la serigrafía, tal y como sintetiza a la perfección John Cale: “No se llamabaThe Factory gratuitamente, allí era donde se pro- ducían en cadena las serigrafías de Warhol. Mientras alguien estaba ha- ciendo una serigrafía, otra persona estaba rodando una película”. Por tanto, esta técnica no precisaba de una mano maestra sino de la idea a representar. Escogiendo figuras del Star System hollywoodiense, del pa- norama musical o político, o simple- mente representando productos, bien parece que en The Factory sólo se fabricaran nuevas imágenes a partir de algunas viejas. Sólo el color o la intención subyacente las separaban de su original. De forma añadida, y poco importa si vino antes la gallina o el huevo, la fama internacional que cobró el artista y la atracción que producía entre el público fue creciendo de forma pro- porcional. The Factory se plagó de visitantes, todo un séquito que per- seguía a Warhol. Bob Dylan, Judy Garland, The Rolling Stones, Truman Capote o Allen Ginsberg se contaban entre los asiduos. Y, por supuesto, The Factory está irremediablemente ligada al consumo de sustancias. El mismo Warhol fu- mabamarihuana y consumía Obetrol, anfetamina que se popularizó entre los 60 y los 70. Expedida por las far- macéuticas americanas, era usada para el control del peso, propósito que, según dicen, era la justificación de Warhol para consumirla. Aunque nunca ha sido confirmado por el ar- tista o allegados a él, se cree que también utilizaba la cocaína. Sin em- bargo, el consumo de sustancias que se hacía en The Factory nunca fue negado. En palabras del propioWar- hol: “Nadie llegó a tomar una pastilla delante de mí, y seguramente no vi nunca a ninguno inyectarse. No hizo falta que hablase: había una especie pensamiento psicodélico Sopa de tomate Campbell’s The Factory no se originó con espíritu de investigación psiconáutica, aunque su existencia está íntimamente ligada al consumo de sustancias
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