El Cultivador 15

70 pensamiento psicodélico de acuerdo tácito porque no quería saber nada de aquel tipo de cosas” En anteriores artículos de esta serie se han repasado clubes o asociaciones gestados en torno al consumo de drogas, como el Club des Hashischins , formado por artistas y literatos de la época romántica francesa que, además de compartir preocu- paciones en el ámbito artístico, cooperaban en reflexiones con- juntas acerca del uso del hachís, o el láudano. Los asistentes a The Factory parecían consumir movidos por un impulso similar, para potenciar la creatividad: “Todo el 64 Freddy Herko tomó una gran cantidad de anfetaminas. Comomuchos de aquellos que tomaban anfeta- minas estaba convencido de hacer cosas creativas, aunque no lo fueran. Se sentaba (…) y hacía complicados diseños ge- ométricos sobre un cuaderno lleno de dedos sucios y pensaba que creaba cualquier cosa bella e ingeniosa” . (Andy Warhol) The Factory no se originó con espíritu de investigación psico- náutica, aunque su existencia está íntimamente ligada al con- sumo de sustancias. Warhol co- menta a propósito de Billy Name, su amante y responsable de la plateada decoración de The Factory: “Porqué le gustaba tanto el color plateado no lo sé. Tenía que ver con su consumo de an- fetaminas -todo siempre le con- ducía a ello- pero era fantástico, era el momento perfecto para pensar en plateado. La plata era el futuro, era espacial (...) su frenesí provocado por el consumo de anfetaminas, pero lo interesante era lo que con- seguía comunicar, la atmósfera que atrapaba también a la gen- te que no consumía ninguna droga, porque a veces aquellos que consumían speed creaban cosas que les parecían bellas sólo a ellos. Pero lo que hacía Billy iba más allá de la droga” Son muchos los que, tal y como parece suceder casi de forma inevitable, como Avital Ronell (en Crack Wars: Lite- rature Addiction Mania ), se preguntan el por qué de la cons- tante relación entre cultura y consumo: “there is no culture without a drug culture” (“no hay cultura sin cultura de dro- gas”) , sin embargo, ni de lejos puede compararse en calidad de reflexión acerca del consumo de sustancias The Factory con la iniciativa francesa de Le Club des Hashischins , junto a la que destaca por el carácter lúdico del consumo. Pues afirmar una cierta búsqueda de creatividad potenciada por el uso de la an- fetamina no es suficiente para articular una reflexión seria. El estudio neoyorquino pla- teado estaba imbuido por un clima de postureo de modernos culturetas con pretensiones ar- tísticas, donde parecía premiar- se el alarde de extravagancia. Así se perfila como un ejemplo casi perfecto de precedente de la Movida Madrileña de los 80, con la diferencia de que los americanos iconizaron su con- tracultura en la personalidad de Andy Warhol. Calificada oportunamente de “símbolo de la decadencia y el empobreci- miento cultural derivado del hedonismo y el culto a la per- sonalidad” (Ánxel Grove), The Factory parece haber desper- tado amor y odio a partes igua- les, pero es un hecho que tiene su propio lugar en los libros de Historia del Arte, cohabitán- dolos junto a las pinturas ru- pestres prehistóricas o las pi- rámides egipcias. Juzguen us- tedes mismos la justicia de la Historia. destaca por el carácter lúdico del consumo Guerra

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