El Cultivador 15

noticias 8 C ómodamente instaladas en unos sofás, Juana y Susana, madre e hija, fu- man tranquilamente un canuto en el ambiente bohemio de Pa- chamama, uno de los muchos clubes de cannabis que han flo- recido en Barcelona hasta el punto de competir con Ámster- dam. "Esta es la manera más segura de saber qué estoy fumando y, al mismo tiempo, de dejar de participar en el mercado negro", dice Susana, una joven indepen- diente de 27 años, con el pelo teñido de rojo y sujeto por un pañuelo, que desde hace dos años acude cada semana a com- prar cinco gramos de marihua- na. El Pachamama es uno de los 700 clubes de cannabis creados en España al amparo de la am- bigüedad del código penal, que no sanciona el autoconsumo de marihuana ni la asociación entre fumadores. El fenómeno, intensificado des- de la prohibición en enero de 2011 de fumar tabaco en lugares públicos, proliferó especialmente en algunos lugares como el País Vasco o Barcelona, donde se ubican casi la mitad de estas asociaciones. La capital catalana incluso en- cabeza una clasificación de la páginaWeBeHigh, destinada a los viajeros amantes de las drogas blandas. Pero las au- toridades advierten del pe- ligro de banalizar el cannabis, y el gobierno regional catalán, como el vasco, prepara una normativa para regular su funcionamiento. Por su parte, el ayuntamiento de Barce- lona decretó una moratoria de un año a la apertura de nuevos locales. "Esta proliferación de clu- bes responde a la falta de regulación", explica a la AFP Antoni Mateu, responsable de salud pública del ejecutivo catalán. "Nuestra prioridad es desincentivar el consumo pero hace falta una regula- ción para frenar esta situa- ción", agrega. "Al no estar regulado, no es ilegal, pero tampoco nadie sabe qué papeles tiene que tener, qué condiciones debe cumplir, ni cómo demostrar a la policía, si viene, que lo que hacemos no incumple la ley", dice Jaume Xaus, portavoz de la Federación de Asociaciones Cannábicas de Cataluña, abo- gando por una regulación de los locales. 'Consumo responsable' Entre las paredes blancas y verdes del Pachamama, deco- radas de estanterías con libros, postales y juegos de mesa, los socios charlan animadamente mientras dos jóvenes juegan al ajedrez. "Se ha de tener un consumo responsable y ser consciente de lo que comporta. Pero lomismo pasa con los medicamentos, el tabaco o el alcohol", afirma Su- sana que, como el resto de socios, prefiere no dar su apellido. Sólo una cachimba, algunas fo- tografías de cáñamos y el suave olor a cannabis hacen intuir la función del local, que también distribuye productos derivados con fines terapéuticos. "Esto no es un club de fumetas. Aquí controlamos el consumo, informamos sobre las conse- cuencias de fumar y aseguramos producto de calidad", cuenta Pa- tricia, de 28 años, que fundó en 2012 este club que hoy tiene 186 miembros. Para ser socio, hay que ser ma- yor de edad, ser avalado por otromiembro, demostrar ser fu- mador habitual de cannabis y esperar unos diez días a que se tramite la solicitud, todo para evitar a quienes sólo quieren ob- tener droga esporádicamente o para revender. Los socios, la mayoría vecinos del barrio de Gracia, donde está ubicado, pagan una cuota anual de 10 euros, más una cantidad determinada cada vez que con- sumen, para costear la produc- ción del cannabis. Para Juan Muñoz, catedrático de derecho penal, "el club social de cannabis encaja dentro de la doctrina legal" si reúne una serie de condiciones como no difundir droga indiscriminadamente, no exigir contraprestaciones eco- nómicas, garantizar un consumo controlado y evitar publicitarse. Pero, en algunos casos se ha utilizado la cobertura de un club para ir más allá, lo que ha des- pertado el recelo de las autori- dades y la intervención de la po- licía. "Se han detectado casos de promoción del consumo, po- tenciación en el mercado turís- tico, suministro a traficantes y menores de edad y también con- flictos con los vecinos", relata Mateu. "Se están produciendo malas prácticas y nosotros lo hemos de- nunciado", reconoce Martín Ba- rriuso, portavoz de la Federación Española deAsociaciones Canná- bicas. "Pero es difícil de controlar sin una regulación clara para se- parar el grano de la paja". Origen de la noticia: El Espec- tador http://goo.gl/LSRvRi En Barcelona , los clubes de cannabis florecen en la legalidad Son cerca de 700 establecimientos amparados bajo el código penal, que no sanciona el autoconsumo de marihuana ni la asociación entre fumadores. Barcelona

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