El Cultivador 16
73 pensamiento psicodélico Y a hemos visto que son diversos los ob- jetivos o, en este caso, esmás propio hablar de leitmotiv , que impulsan sus expresiones artísticas en estos terrenos, así como están clara- mente diferenciadas sus formas de hacerlo. Veíamos a un Dalí preocupado por dar rienda suelta a los as- pectos inconscientes de sumente, preocupado por anular las ba- rreras de la racionalidad en aras de un conocimiento más pro- fundo de su naturaleza, plasmada mediante objetos aparentemente inconexos y paisajes oníricos. El artista catalán creaba un len- guaje propio, internacionalmente admirado, y se convertía en el Surrealismo personificado. Observábamos, asimismo, a artistas románticos que, gracias al hachís o el opio buscaban un impulso para su capacidad crea- tiva pues, común es el pensa- miento de que el consumo de ciertas sustancias abre la mente y promueve una suerte de éxtasis creativo. ¿Cómo no consumirlas o, al menos probarlas, si tu interés vital es la creación y expresión artísticas? Reflexionábamos aquí también, acerca del uso recreacional de las mismas, el uso lúdico tan castigado, criticado o penalizado, pero, a la vez, tan lícito como otros usos con fines más tras- cendentales. Mirábamos con lupa ciertos ejemplos de movimientos de la contracultura y analizába- mos la diversidad de motivacio- nes de sus integrantes, para en- tender el devenir de la historia del consumo. Quizá, por nuestra propia cul- tura o práctica diaria, el uso de sustancias con motivos de tras- cendentalidad ligada a la espiri- tualidad o a lo divino es lo que puede resultarnos más complejo de entender. El caso que hoy nos ocupa nos ayuda a indagar en estos aspectos de la naturaleza humana. Y, lo que esmás curioso, es un ejemplo de la actualidad de la civilización, de nuestros días, que no pertenece tanto a una época en que lo divino estaba tan íntimamente relacionado con la vida diaria. Lo divino es afron- tado desde una perspectiva cen- trada en la espiritualidad, en las fuerzas de la naturaleza, en lo cósmico, en el hombre y su unión con todo ello. Apartado de una religión concreta, es un compen- dio de saberes procedentes de muchas culturas y líneas de pen- samiento. Alex Grey es la persona elegida hoy. Este artículo, por sus inhe- rentes limitaciones no puede dar cabida a todo lo que habría que decir de él. Su figura, su obra, sus acciones, son inabarcables aquí pero, al menos, podremos apuntar algunas de las caracte- rísticas de su obra, para com- prender un pocomejor su visión. Norteamericano nacido en los años 50, desarrolló sus capaci- dades artísticas desde temprana edad, ya que su padre, diseñador gráfico, fomentó su espíritu cre- ador. Para cuando llegaron los años 70, Grey se encontraba ya en Boston estudiando con Jay Jaroslav, artista conceptual, tras haber ido al Colegio de Arte y Diseño de Columbia. Fue en este momento cuando se produjo el punto de inflexión Alex Grey El radiógrafo del alma humana Como venimos haciendo en artículos previos de esta serie, nos dedicamos a indagar en personajes significativos que, mediante las artes visuales, intentan expresar sensaciones o impresiones producidas por el consumo de sustancias ente- ógenas. Muchos de estos artistas, lo hacen movidos por la necesidad de expresión, algunos por el afán de viajar a los lugares más recónditos de la mente humana y, otros tantos, motivados por acrecentar o motivar su capacidad creativa. por Guadalupe Casillas El contexto para usar enteógenos es un ritual sagrado
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1