El Cultivador 18
73 pensamiento psicodélico C uando me aven- turaba a recabar i n f o rma c i ó n para este núme- ro, me he sor- prendido obser- vando que no es tanto el volu- men de artistas que habla del consumo de sustancias. Bien está que no siempre el consumo ha de ir asociado a una argu- mentación profunda, sino que puede estar destinado a un uso lúdico y personal y no existe necesidad de publicitarlo, pero es cierto que muchos artistas consumidores han evitado ha- blar de ello. El caso que hoy nos ocupa no podemos contarle entre estos. Por lo contrario, Robert Venosa no sólo ha hecho un uso argu- mentado (sin entrar en juzgar su justificación), sino que se ha preocupado por difundir sus ideas en referencia al consumo. Su biografía resulta más que llamativa: todo un trotamundos del arte y los viajes de la psique. Nacido en Nueva York, comen- zó sus andadas como director de arte para Columbia Records. No tardó mucho en interesarse por la pintura al óleo. Le bastó un viaje de LSD a mediados de los años sesenta, para redirigir sus esfuerzos. Él mismo des- cribe la experiencia así (tra- ducción propia de un artículo bajo la autoría de Robert Ve- nosa publicado con motivo del homenaje a Albert Hofmann): “Sin haber cogido nunca un pincel, el ácido me lo ordenó, y comenzó a proveerme de inspiraciones, me unió a los maestros Mati Klarwein y Ernst Fuchs para aprender un poco de magia técnica, y, con esto en mente y mano, desde entonces he estado in- tentando exteriorizar en for- ma y color aquellos mundos fantasmagóricos” Habiendo encontrado su vo- cación no a una muy temprana edad, Venosa se decidió a seguir sus impulsos artísticos, en bús- queda de un maestro de quien poder aprender la técnica ne- cesaria. Como él mismo defen- día, para lograr aquello que se desea, hay que lanzarse al ca- mino y no cejar en la búsqueda. El nuevo descubrimiento que había realizado con el LSD no sólo le había abierto la puerta al arte, sino que le convirtió en todo un viajero de la psique. Interesado en conocerse a sí mismo, en entender sus propios porqués y ahondar en el in- consciente, la pintura se con- virtió en soporte para repre- sentar sus hallazgos, para ma- terializarlos y poder mirarlos. Convierte el proceso de pintar casi en algo mágico, que hace físico algo tan etéreo como una idea que nunca ha sido repre- sentada. Y, sobre todo, sus obras se convierten en espejo en que reflejar sus avances psiconautas, el más fiel modo de asistir a lo que en su mente ocurre. Una vez aclarado que quería dedicarse a la pintura tras su primera experiencia con el LSD, comenzó a buscar posibles vías para llevar a cabo tal plan. Para adquirir la técnica que le ayu- daría en su periplo, Venosa Robert Venosa, el discípulo de maestros Esta sección de El Cultivador está dedicada a crear un espacio de reflexión en torno al uso que se hace de las sus- tancias en el mundo del arte. Ya con anterioridad, nos hemos venido fijando en figuras que, bien por su propia personalidad artística, bien por su importancia en el panorama del arte a nivel internacional, han destacado y han sido aso- ciadas al consumo. Hemos divagado sobre el motivo que les ha impulsado a jugar con los límites tradicionales de la per- cepción, muchas veces movidos por la idea de que los ente- ógenos pueden ser resorte de la creatividad. Hemos ahondado en la investigación del lenguaje artístico del que se valen para expresar lo descubierto o vivido en sus viajes, y también hemos analizado el uso de las sustancias en estos campos desde una perspectiva más social. Texto: Guadalupe Casillas Fotografías: www.venosa.com venosa.com “Sin haber cogido nunca un pincel, el ácido me lo ordenó, y comenzó a proveerme de inspiraciones”
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