El Cultivador 18

76 pensamiento psicodélico Además, con padrinos así, na- die se queda sólo. Al menos tiene lo aprendido. De esto, Ve- nosa no sólo sacó partido en su vertientemás creativa, sino que supo vivir para luego aplicar y defender un estilo de aprendizaje artístico guiado, en quemaestro y discípulo comparten su hacer, sus medios, sus técnicas, siendo el maestro un guía de enseñanza, que brinda sus conocimientos propios adquiridos. Esta retroalimentación como base de la didáctica del arte lejos de ser novedad (ya se oía por el Renacimiento, por ejem- plo), ha sido bien aprovechada por él que, en colaboración con su esposa, artista también, han dado clases en múltiples oca- siones a lo ancho del mundo. Dentro de esta descripción poco hemos dicho hasta ahora del consumo de LSD, salvo que, en primera instancia fue lo que catapultó sus ganas de expre- sarse con el óleo. Pues bien, esa primera toma de contacto sólo abrió la veda de sus viajes hacia el inconsciente. Albert Hofmann, el sintetiza- dor y padre del LSD-25, fue co- nocido y retratado por Robert Venosa. A razón del retrato, Venosa escribe un artículo para celebrar el cumpleaños del quí- mico ya fallecido, en el que co- menta anecdóticamente que, cuando su mujer le había pre- sentado por primera vez a Hof- mann, él había exclamado es- pontáneamente “¡Padre!” al ver- lo. Venosa se sentía tan hijo de Hofmann como lo era el LSD. En parte este cuadro (en re- ferencia al retrato de Hof- mann) es la culminación, o un punto de conversión en la espiral que el dinámico creativo LSDme inculcó esa noche (y muchas noches y días posteriores) en Nueva York hace 41 años (…) Albert, por supuesto, siempre estará presente como parte del es- tado superior de conciencia que ayudó a nacer en todos nosotros. El artículo que el artista ame- ricano escribe está impregnado de una opinión subversiva ante el gobierno y la gestión de la política de drogas. En tono sar- cástico hace una lectura en pers- pectiva de lo ocurrido con el LSD en los Estados Unidos: “¡El Horror! ¡Se reportan ca- sos de excursionistas saltando desde ventanas tratando de volar, pelo creciendo bajo los hombros de los hombres, la lanza del diablo de Hofmann y Leary empalando las almas de niños inocentes; y lo que es más amenazante de todo, una generación descubriendo la individualidad espiritizada, oponiéndose a la codicia y la guerra, y, horror de horrores, disfrutando del sexo, las dro- gas y el rock and roll!” Su interpretación de la situa- ción creada por el gobierno americano, principal promotor de las investigaciones de LSD en la búsqueda de algún bene- ficio propio y censurador de la sustancia, llevan al pintor a etiquetarlo como principal de- monizador del LSD, cuya polí- tica ha evitado el desarrollo de investigaciones acerca de po- tenciales tratamientos médicos favorables basados en el ácido. Siempre que tuvo ocasión, no dejó de expresar su opinión, como fiel defensor del consumo, y de señalar las posibilidades que el LSD abría. Sin ánimo de hacer ninguna lectura interpre- tativa de las palabras de Venosa, que pueda llevar a algún equí- voco o matización errónea, me limitaré a traducir (de forma informal) las palabras que re- coge en el artículo: Albert dijo que siempre ha- bía lamentado que el poten- cial del LSD como ayuda y/o cura psicoterapéutica para varias enfermedades y adicciones fuera cortocir- cuitado en los años sesenta por la interdicción y prohi- bición gubernamental que siguió a la diseminación rá- pida, extensa e incontrolable del LSD. En Robert Venosa, los viajes de LSD no dejan de tener ca- rácter transcendente en el des- arrollo personal y artístico del pintor. Asocia los estados alte- rados de percepción con la apro- ximación a una verdad existen- cial y personal, y, por extensión, la pintura para él es un acto de representación de ese acerca- miento: El desafío no es tanto recrear un parecido aceptable –esa es la parte fácil– sino captu- rar con pincel y pintura la esencia espiritual de uno sien- do pintado. Le tacha -junto a Albert Hof- mann- de ser culpable de saltos revolucionarios/evolutivos que hanmarcado puntos de inflexión en la historia de la consciencia humana. Y es que, lo que co- mienza a resultar innegable, es que pintura, autoconocimiento y consumo formaban trío inse- parable en la vida del pintor americano. El leitmotiv de su obra parece ser la búsqueda de las verdades del ser, anulando las fronteras perceptivas que la razón establece en la cotidia- neidad, y, en este contexto, pin- tura y consumo parecen las he- rramientas que colaboran en estos procesos, para generar es- tados alterados de percepción y para crear espacios de difusión de los conocimientos adquiridos, respectivamente. Su pintura, sin ánimo de esta- blecer prejuicios para su disfrute, está imbuida en una esencia es- piritual, no sólo en temática, sino en una técnica que destila algo de transcendente, de so- brehumano, ayudado por colores llenos de luz, creando atmósferas divinas. En su hacer convergen la imaginería con aroma a cha- mán de tribu indígena, con seres que parecen sacados de nove- dosas películas de ciencia ficción (como sus pinturas Cástor y Pó- lux ). No olvidemos su relación con las sustancias chamánicas y su intrusión en el diseño de escenarios para películas afa- madas de la ciencia ficción, como Dune o Race for Atlantis . ( Sería curioso ver cómo diseñaría Ro- bert Venosa los escenarios de Blade Runner). Todo ello en la persecución de plasmar lomás fielmente su au- toconocimiento y algunas escenas de sus viajes psiconautas. Pare- ciera en ocasiones que su obra es una ventana para contemplar al hombre desde una perspectiva más global, más universal. Casi como si nos dieran la facultad de observar bajo el prisma de una divinidadque todo lo observa a distancia. Esta preocupación es evidente en obras como Los Átomos de Cristo o La Abuela de la Ayahuasca . En otras piezas como Aya- huasca Dream o Resplandor de los hongos , se centra en re- tratar escenas de sus viajes o en divinizar las sustancias que los generan. A los curiosos, les aconsejo que indaguen un poco en su obra y conozcan más a fondo su trayectoria. Créanme sus cuadros no son obras del arte contemporáneo al uso, de esas sobre las que hay que do- cumentarse previamente antes de verlas, pues sus pinturas tie- nen algo de común al ser hu- mano que las hace interpreta- bles por cualquiera. Su gusto por los paisajes ga- lácticos y los espacios diáfanos que crea, pronto nos transmiten su aura de transcendentalidad, que nos induce un estado de pensamiento más profundo, más en conexión con el espíritu. Nos aproxima, ciertamente, a sus viajes de LSD, como si de uno nuestro se tratara. “Albert dijo que siempre había lamentado que el potencial del LSD como ayuda y/o cura psicoterapéutica para varias enfermedades y adicciones” El desafío no es tanto recrear un parecido aceptable –esa es la parte fácil– sino capturar con pincel y pintura la esencia espiritual de uno siendo pintado venosa.com

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