El Cultivador 2

L os días posteriores a la primera clase fueron algo ajetreados. Tras haber conocido a Eli, un chico de mi clase que era de Nueva York, decidimos compartir el pago de una habitación, para vivir temporalmente en un hostal “para jóvenes” en el centro de San Francisco. Pasé de invertir tres horas en llegar a Oakland en transporte pú- blico desde la casa de un amigo en los alrededores de la Universidad de Stanford, a necesitar tan solo 20 minutos utilizando el “BART”, un sis- tema de trenes que cruza la bahía de San Francisco para llegar a Oakland a través de un túnel submarino. Eli, lle- vaba ya unos días viviendo en el hostal, conocía parte de la ciudad y básicamente inverti- mos el resto de semana en re- correr las calles y preciosos parques de San Francisco. Por fin llegaba la segunda clase, obviamente yo había hecho los deberes de la clase anterior, algunas preguntas sobre la historia del cannabis, políticas de drogas en los EEUU y una redacción en la que debíamos incluir las razo- nes por las que estábamos in- teresados en las clases, que esperábamos aprender y cuá- les eran nuestros objetivos. Una vez deposité los deberes en su cesta, me senté en pri- mera fila y puse mi grabadora en funcionamiento. Judy, una de nuestras men- toras durante el Semestre, co- menzó la clase con algunas de las reuniones que tenían lugar en esa semana. Destacaba la reunión mensual sobre la “Measure Z” (Medida Z) que se organizaba en el Ayunta- miento de la ciudad de Oa- kland por un Concilio de ciudadanos y Policías locales. La Medida Z, hace que la venta privada, cultivo y pose- sión de cannabis para mayo- res de 21 años, sea la menor de las prioridades para los agentes del orden público, además permite y ordena el cobro de tasas y la regulación del mismo. Allí desde que la Medida Z fuese aprobada en 2004, mu- chos han encontrado en ella una grata solución. Tanto los que prefieren el uso recrea- tivo del cannabis frente al uso del alcohol, como aquellos que hacen de la venta de can- nabis un negocio legal, junto a los gobernadores locales que obtienen ingresos de di- chos impuestos y fuerzas del orden público, que ahora pue- den dedicarse a asuntos de mayor importancia. Desde la universidad se nos animaba a acudir a este tipo de reuniones para que nos mantuviésemos al tanto sobre de los acontecimientos que tenían lugar en nuestro dis- trito. En el caso de aquellos que tenían la intención de abrir un MCD Medical Can- nabis Dispensary (Dispensa- rio de Cannabis Medicinal) dichas reuniones servían para colaborar de forma holística con los negocios de esa comu- nidad mejorando las relacio- nes con establecimientos y comercios vecinos. A continuación pasaba a ex- plicarnos los detalles del sis- tema de recomendaciones para uso de cannabis. Nos in- formaba que podíamos obte- 55 cultura cannábica La tarjeta estatal, cuenta con un sello que la Poli- cía tiene la obligación de conocer y así reconocer a dicho ciudadano como un paciente que usa cannabis

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