El Cultivador 20

76 pensamiento psicodélico pero me temo que me he apre- surado y, lo único que podría hacer es remitir todos los per- sonajes en una lista compilados pero inconexos. No llego a com- prender ese universo. Supongo que hay que ser un entendido local de la selva peruana para seguir los hilos que unen a estos personajes. En la Vision 7 , dato curioso, se comenta la existencia de una máquina de gran velocidad cre- ada por seres de inteligencia superior a la del ser humano. Y, en la Vision 8 agrega la apa- rición de platillos volantes, de cuyos pilotos comenta, que ojalá algún día tengamos la capaci- dad para comprender a estos insondables seres. En la Vision 18 comenta sin reparos: En el medio se ve un aero- puerto para naves extrate- rrestres de diferentes luga- res. La nave en el centro del aeropuerto es de Ganímedes. La de la derecha es de Venus, la de la izquierda es de Sa- turno. Aunque sea en este onírico lugar que ocupan las visiones, se afirma la existencia de vida en gran parte del Sistema Solar. Como ven, los seres fantásticos y las creencias más dispares conviven en esta imaginería. Quizás, entroncar la pintura de Pablo Amaringo con las obras de las civilizaciones precolom- binas del continente americano, nos ayude a entender el bestiario de que nos provee la ayahuasca. Aunque lo más lógico es que, de modo cultural, como algo propio de tribus indígenas, el naturalismo se presente como algo inevitable en la expresión artística, por la constancia de ese paisaje selvático como con- dicionante y determinante del desarrollo vital de estos pueblos. No obstante, es cierto que en la obra de Amaringo cobra un cariz especial pues aquí la visión naturalista no deja de estar ín- timamente relacionada con la magia y la espiritualidad. En la Vision 32 , el médico pe- ruano nos comenta la existencia de un mal, que puede ser psí- quico o físico y que se presenta en la visión de ayahuasca como una especie de embarazo de una serpiente. Cuenta que este mal tiene lugar cuando: Una mujer que menstrúa deja su ropa interior mojada en una canoa junto al río, sin haberla enjuagado. Entonces la boa se sitúa en esas ropas, excretando algo viviente que después da a luz en lamujer. El vegetalista canta ícaros para hacer a la boa salir del útero de la mujer. La visión parece dra- mática. Para tener una ex- plicación onírica tan compleja, extraño un razonamiento que ayude a interpretar más tarde, tras las visiones, el carácter del viaje. Supongo que es un vicio por racionalizar algo demasiado irracional o inconsciente. Particular, especialmente, me resulta la preponderancia que cobran los males de la mente y el espíritu en estas sociedades indígenas. Ymerecemi respeto, la preocupación y dedicación a ello. Parece una concepción existencial que se aleja sustan- cialmente del pensamiento oc- cidental, más centrado en la materialidad y a la instantanei- dad, que en cultivar un buen autoconocimiento. Lo que sí me ocurrió en reite- radas ocasiones leyendo Aya- huasca Visions , y puedo consi- derar el aspecto negativo de la lectura, fue que me resultaba un desfile de personajes difíciles de reconocer, aparentemente desconectados. Quizá resulte difícil comprender las bases que sostienen su mitología e ima- ginería, ya que rastrear perso- najes o extraer moralejas bien resulta inútil. Esta mitología no parece querer dar lecciones ni esconder una filosofía con- creta. Por lo contrario, parece surgir de la necesidad de inter- pretar con lógica los viajes de la mente y, en tanto que no pretenden adoctrinar sino acompañar o guiar, bien parece una libre forma de perseguir la sanación espiritual y por ello, para mí, más saludable. Al final de todo, podemos sen- cillamente evitar tanto análisis y sentarnos a apreciar la obra pictórica de Pablo Amaringo como lo que es: un paisaje de sueños, lleno de seres increíbles y que rebosan de colorido sa- turado, una puerta a unmundo de fantasía, el mundo de la mente. La visión naturalista no deja de estar íntimamente relacionada con la magia y la espiritualidad podemos sencillamente evitar tanto análisis y sentarnos a apreciar la obra pictórica de Pablo Amaringo como lo que es: un paisaje de sueños

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