El Cultivador 21
76 pensamiento psicodélico Se sabe que la cultura mexica era consumidora de míxitl, ten- xoxoli, quimichpapli, toloa y atlepatli , entre otros, según las denominaciones en nahua , len- gua de los mexicas. De las flores que aparecen en la escultura de Xochipilli, han sido popu- larmente reconocidas la nico- tiana, el ololiuhqui y la datura. La nicotiana es la planta del tabaco. Ya hay evidencias de que era consumida con fines alucinatorios en el siglo I a.C. En círculos intelectuales dudan acerca de su procedencia, pero es posible que fuera llevado des- de Sudamérica hacia el norte del continente americano gracias a las rutas comerciales. En la cultura azteca, se lo conoce como yetl . Las crónicas de Bernardino de Sahagún, por ejemplo, en el Códice Florentino señalan los usos del tabaco y la creencia de que el humo era un vínculo que conectaba lo divino y lo terrenal. Entre sus efectos, se cuentan que es analgésico contra los do- lores de cabeza, induce al sueño y al descanso y colabora a anular la pena. Su consumo fue pronto adop- tado en Europa y en España, gracias a la conquista americana y a pesar de las condenas de la Santa Inquisición. Sin ir más lejos, en la Real Fábrica de Ta- bacos, construida en el s. XVIII, situada en Sevilla por ser el sitio donde se estableció el Puer- to de Indias a través del cual pasaban todos los productos traídos del NuevoMundo, pue- de observarse un relieve en su puerta que cuenta la historia del tabaco. Representa los far- dos de tabaco, a un indígena americano fumando en pipa, los barcos que lo transportaban e incluso dos retratos, uno de Colón y otro de Hernán Cortés –este último fue el conquistador que llegó a México y tuvo con- tacto por vez primera con la cultura azteca-. Sin duda alguna, es clara la asociación que aquí, en España, se establecía entre el tabaco y la cultura azteca. El ololiuhqui es una semilla que se extrae, tritura y pone en agua para después proceder a filtrar el líquido y consumirlo a modo de bebedizo. Procede de la planta cóatl xoxouhqui , como comenta el cronista del siglo XVI, Bernardino de Sahagún: “Hay una planta que llaman cóatl xoxouhqui, y cría una semilla llamada ololihuqui; esta semilla emborracha y enloquece. Danla por bebe- dizo para hacer daño a los que quieren mal, y los que la comen parecen que ven visiones y cosas espanta- bles...” Han de cuidarse las dosis, pues excederse tendría conse- cuencias peligrosas. Contiene ácido lisérgico (LSA) y, de he- cho, es la planta de la cual Albert Hofmann sintetizó el LSD. Él, junto a Shultes, comenta en su libro Plantas de los Dioses : “Los nativos dicen que la in- toxicación dura tres horas y (…) comienza rápidamente con alucinaciones visuales. Puede presentarse un estado intermedio de vértigo segui- do por lasitud, euforia, mo- dorra y una narcosis hip- nótica. Las visiones son a menudo grotescas” También, en palabras de Ber- nardino de Sahagún, puede ser utilizada directamente sobre heridas para aprovechar su con- dición de analgésico. La datura, por su parte, es un alucinógeno potente que se di- ferencia del ololiuhqui en que sus alucinaciones son de tipo visual y auditivo, mientras que el ololiuhqui, parece estar más relacionado con las de tipo vi- sual. Se comenta que, en bajas dosis, ayuda a disminuir la hin- chazón. Sus efectos pueden du- rar días y provocan una fuerte desconexión con la realidad. Es habitual componente en filtros de amor por sus efectos afrodi- síacos y por sus propiedades hipnóticas. Son numerosas las variedades de datura, desta- cando la datura stramonium. Algunos de los rasgos de la pieza deXochipilli, que comparte con las esculturas arriba des- critas, parecen corroborar la tesis de las flores y hongos psi- cotrópicos. La descripción oficial de la pieza, elaborada por el Museo Arqueológico mexicano especifica las “propiedades psi- cotrópicas” de las flores repre- sentadas. Si simplemente nos centramos en un análisis visual de la pieza, vemos que Xochipilli está sentado sobre un templo, que hace las veces de pedestal a la pieza. El príncipe de las flores se sienta con las piernas cruzadas en un movimiento tenso que le hace llevar hacia atrás la cabeza. La boca abierta y las cuencas de los ojos vacías pero que parecen dirigir la mirada al cielo, evi- dencian un estado de éxtasis, no tan alejado (a pesar de la desconexión temporal, geográ- fica y cultural) de la famosa es- cultura de Bernini, de El Éxtasis de Santa Teresa. Parece innegable, a pesar de los esfuerzos que se han ejercido en dirección contraria, el uso de la flora local en rituales alu- cinatorios. Las fuentes son cla- ras y, por si acaso nadie quisiera consultarlas, esto se evidencia en nuestro Xochipilli. Sin em- bargo, si quisieran dirigirse a las fuentes primarias, no puedo dejar de recomendarles la con- sulta de la Historia General de las Cosas de Nueva España, de Bernardino de Sahagún, que explica con pormenores la vida de esta cultura y dedica un am- plio apartado al análisis de la flora autóctona y las costumbres mexicas. Y es que parece ser que nunca se inventa nada nuevo y que todo viene de vuelta. Nuestra cultura no es más que un gaz- pacho de culturas previas y, en el fondo, el ser humano com- parte preocupaciones que, aun- que estén enmascaradas, ador- nadas y reelaboradas, no dejan de ser casi tan antiguas como las propias plantas. La datura, por su parte, es un alucinógeno potente que se diferencia del ololiuhqui en que sus alucinaciones son de tipo visual y auditivo
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