El Cultivador 24
78 industria cannábica ¿Cómo puede ser que en la mi- tad de un país como EE.UU. el cannabismedicinal sea una ben- dición de la naturaleza y en la otra mitad sea un castigo in- fernal? Algunos de los miles de facultativos médicos, que son una gran parte de la industria medicinal del cannabis, no con- fiaban en las bondades tera- péuticas de la planta hasta que la ciencia o sus propios estudios e investigaciones les hicieron cambiar de opinión. ¿Cuántos facultativos niegan actualmente las virtudes terapéuticas del cannabis sin ni siquiera haber escuchado testimonios reales de pacientes o haber leído in- vestigaciones al respecto? La mayoría, evidentemente. La industria de la marihuana ha empezado a crearse en base a cuestiones médicas o cientí- ficas, y esta industria, con el cannabis como bandera, es la que está proporcionando a los refugiados del cannabis la ayuda necesaria para combatir sus en- fermedades. Sin embargo, esas leyes del siglo pasado propician la existencia de nuevos refu- giados que sólo buscan ayudar a sus seres queridos. Los que más saben y los que más han investigado sobre el cáncer dicen sí al uso terapéu- tico del cannabis. Claro ejemplo de ello son el Instituto Ameri- cano del Cáncer, que ha asegu- rado que los cannabinoides del cannabis sí que combaten la enfermedad, y la Asociación Americana de Medicina, que pide que la marihuana sea tra- tada como un medicamento. Estas instituciones, con sus afir- maciones y peticiones, dan fe científica de sus beneficiosas propiedades. Por el contrario, los estados o países que castigan a las personas por el mero hecho de su utilización son posibili- tadores y potenciadores de las familias de refugiados del can- nabis. Pocas cosas pueden ser peores para unos padres que ver sufrir a sus hijos, por lo tanto, ante la mínima esperanza de que algo pueda solucionar o ser parte de la solución para sus vástagos, harán que estos padres busquen por cualquier medio el remedio a tal sufrimiento. Y si ese re- medio puede ser tan sencillo como viajar a otro territorio donde existan médicos cualifi- cados (como en California) es obvio que este tipo de familias engrosarían la lista de refugia- dos del cannabis. Los gobiernos deben ayudar a que se expanda esta industria del cannabismedicinal, máxime cuando naciones a la vanguardia de la investigación como Esta- dos Unidos, Israel, Canadá o, próximamente, Alemania (por nombrar algunos) ya lo están haciendo. ¿Será que los cientí- ficos de naciones comoMalasia, Arabia Saudita o Indonesia sa- ben más al respecto? Mientras la cosa siga así con- tinuarán apareciendo refugia- dos del cannabis. A no ser, claro está, que cada vez más países engrosen la lista de las naciones que permiten una in- dustria medicinal del cannabis. Como dato, añadiré que los pa- íses más adelantados del mun- do en ciencia e investigación son los que abogan por otor- garle definitivamente al can- nabis sus propiedades terapéu- ticas; y, por el contrario, las naciones que parecen menos avanzadas en estos temas son las que usan más la mano dura y niegan cualquier facultadme- dicinal de la marihuana. La industria del cannabis es sinónimo de investigación, so- bre todo de investigación fo- calizada en el uso medicinal. Esta industria es la mejor for- ma de mostrar a la sociedad las posibilidades de esta plan- ta. La marihuana siempre ha ido unida al estereotipo de fu- meta , principalmente porque ha sido la imagen que ha que- rido transmitirse desde go- biernos y planes nacionales contra la droga. Esto ya puede combatirse gracias a la inves- tigación, al profesional que in- vestiga, al enfermo que mejora, a la empresa que da empleo, al consumidor o consumidora que puede acceder a un esta- blecimiento donde, al igual que en otros se toma una cer- veza o un vino, puede consu- mir marihuana. Debemos aca- bar con el falso estereotipo de que cualquier persona rela- cionada con la marihuana es un fumeta . La industria del cannabis de un país es su auténtico baró- metro de cómo se encuentra la aceptación de la marihuana en ese territorio y, por eso, cuantas más empresas haya, más ca- mino habremos adelantado ha- cia su total normalización como producto de consumo aceptado por la sociedad. Ningún país o estado debe te- ner refugiados del cannabis en- tre sus ciudadanos y, por eso, se debe facilitar la creación de una industria en perfectas con- diciones legales y esto, a su vez, dará como resultado que sus ciudadanos no tengan que emi- grar para buscar soluciones mé- dicas. Guste o no guste, al mar- gen del uso meramente recre- ativo de marihuana, la ciencia ha legitimado su uso por sus propiedades medicinales, y siempre que pueda ayudar a las personas a paliar sus enfer- medades o dolencias debe poder estar al alcance de los que la necesiten o así lo crean. La industria del cannabis (que se constituye por negocios o empresas que trabajan con todo lo que rodea a la planta) debe tener su espacio como cualquier otro sector, y dar o producir ese servicio que el usuario de cannabis demanda, tanto para el uso medicinal como para el uso lúdico. Clínicas con trabajadores cua- lificados, empresas de cultivo para proveer a comercios espe- cializados de venta de cannabis, locales de consumo de mari- huana, comercios dedicados al cultivo particular, empresas de alimentación fundamentada en cannabis, fabricantes de forma- tos de consumo, tecnología de- dicada al cannabis ymuchomás es lo que debiera estarse ges- tando en España y en el resto del mundo libre, porque, más temprano que tarde, llegarán para quedarse. En este siglo, gracias a la ciencia, se puede demostrar que el cannabis es terapéutico y que ayuda, en muchos casos, a vivir dignamente los países más adelantados del mundo en ciencia e investigación son los que abogan por otorgarle definitivamente al cannabis sus propiedades terapéuticas
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