El Cultivador 26

de cuentos de hadas: seres fantásticos que parecen estar hechos de luz, ani- mación de objetos inanimados, arqui- tecturas vegetales imposibles, híbridos de formas humanas y animales, etc. Su estética recuerda a la pintura pri- mitiva italiana y a la pintura flamenca, con un dibujo de perfiles nítidos, un uso armónico del color y una técnica derivada de la miniatura. Incluso hace uso de placas de nácar o marfil, en una alusión a la pintura flamenca sobre tabla. Seguramente, les recuerde a la pintura de El Bosco, tan en boga ahora que el Museo del Prado estrena un do- cumental acerca del artista. Destacable asimismo es la diferencia entre las representaciones masculinas y femeninas. Las primeras tienen una gran variedad de representación, son más expresivas en sus gestos, más di- versas en sus morfologías, aunque pre- domina la androginia y la esbeltez de los cuerpos; en contraposición a las figuras femeninas que, por lo general, son autorretratos de la ar- tista y representaciones en las que proyecta su yo más íntimo. Pero sus obras se caracterizan sobre todo, por la sensación de serenidad y sosiego, no son obras impactantes por contrastes de color o duras en su expresión de lo más íntimo (como puede pasar en las obras de su coetánea Frida Kalho, mucho más cruda). Lo mágico campa a sus anchas en la pintura de Remedios Varo, pero se trata de una fantasía tranquila y suave, que adquiere tintes muy per- sonales. Temas como el viaje o la alquimia son recurrentes: el viaje tiene un sentido simbólico, pues alude al viaje espiritual en busca de la iluminación, con categoría mística; y la alquimia es entendida como el medio para la transformación simbólica que a la vez, transforma al alquimista al acercarlo a la perfección. De ahí se deriva su visión del artista como alqui- mista, como mediador entre la realidad y lo sobrenatural, que usa la pintura como medio de investigación, conoci- miento y perfeccionamiento. Algunas obras en que estas caracte- rísticas son explícitamente visibles son, por ejemplo, Catedral Vegetal (1957), La creación de las aves (1958), La cien- cia inútil o el alquimista (1958), Explo- ración de las fuentes del río Orinoco (1959) o La expedición del agua áurea (1962), entre otras. De entre todas sus obras, sin embargo, hay algunas que nos merecen especial atención aquí: aquellas que parecen re- presentar o escondermediantemetáforas visuales y trampantojos (engaños vi- suales), hongos alucinógenos que hacen que puedan considerarse un catálogo micológico. Algunos autores lo han señalado ya, si bien es cierto que hemos de advertir que la autora no ha hablado nunca del consumo de hongos alucinógenos ni de la intención de realizar una representa- ción de los mismos. Sí hemos de tener en cuenta, por el contrario, que el período en que Remedios Varo realiza tales obras, coincide con la explosión de la etnomicología, con la publicación de escritos relevantes en la materia, así como con el contexto físico en que se encuadran tales estudios publicados. Si analizamos las obras de Remedios Varo, encontramos infinidad de casos en que la morfología de los hongos se inmiscuye en sus representaciones, sien- do algunas más claras que otras. Así, por ejemplo, la escritora y pintora Mag- nolia Rivera, estudiosa muy afanada en la investigación acerca de la obra de la pintora catalana, establece una clara relación entre hongos alucinógenos y la pintura variana. Ella, que comparte con Varo la tradición visual mexicana, ha hallado múltiples conexiones. En algunos casos, puede rastrearse en las pinturas algunos personajes cuya morfología coincide con la de los hongos, así como objetos que han sido repre- sentados con forma de hongo ( Tailleur pour dammes , 1957; Ritos extraños , 83 pensamiento psicodélico Lo mágico campa a sus anchas en la pintura de Remedios Varo, pero se trata de una fantasía tranquila y suave Alquimista, Remedios Varo

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