El Cultivador 26

84 pensamiento psicodélico 1959; La huída , 1961). Pero no serán estas las únicas huellas que podamos encontrar, pues Magnolia Rivera va más allá y entronca la pintura de Reme- dios Varo con la literatura et- nomicológica y establece rela- ciones entre los ritos grecola- tinos dedicados al vino (dios Baco, por ejemplo), los rituales chamánicos y las pinturas de la catalana: “retrata el instante en que el personaje trae consigo la cabeza del hongo, solar y masculina, imagen de la pro- pia conciencia y del alma. El color de la indumentaria es verde, símbolo azteca de lo sagrado y matiz del vi- triolo alquímico que unifica los aparentes contrarios. El personaje se dirige al pozo Kallichoron o Calícoro, el de “las hermosas danzas” —que aún puede verse en Eleu- sis— para entrar en él con esa cabeza cercenada. Debe sumergirse en el útero de la diosa Madre, en el agua fe- menina y lunar, paramorir. Sólo así podrá nacer de nue- vo. Esta pintura representa el viaje al interior del propio ser” No sólo comenta que tal rela- ción se evidencia en las actitudes y gestos de los personajes de las pinturas, que en algunos ca- sos están afectados de estados alterados de percepción (mira- das perdidas, visiones borrosas), como indica que sucede en Mu- jer en rojo (1947) o en La lla- mada (1961), sino que también su pintura representa elementos relacionados con los rituales indígenas (decoraciones que re- cuerdan a máscaras utilizadas en rituales, por ejemplo). Hay pinturas en que la aso- ciación es más que obvia, y en este caso hemos de destacar El visitante (1959) o Visita ines- perada (1958). En ambos ob- servamos a un personaje con forma de hongo, cuya cabeza está invertida y semiescondida en un sombrero laminado. Mag- nolia Rivera describe la primera obra así: “La espiga que observamos en El visitante alude al cen- teno o a la cebada, cereal del que nace un hongo (cor- nezuelo) con el que prepa- raban el kykeon. (…)Tam- bién se consagraba a la diosa el cerdo que ofrecían durante la ceremonia. Remedios su- giere al animal sacrificial en su pintura, al plasmar las formas redondas y la cola característica. Las aves que aparecen en el cuadro representan el vuelo del alma, una imagen común en el trance del chamán y en los misterios.” En cuanto a la segunda, Visita inesperada (1958), están au- sentes las aves, pero la repre- sentación es prácticamente idéntica a la primera. Es común el apelativo de am- biguo para referirse a la obra de Remedios Varo, pues lo cierto es son numerosos los estudiosos que apuntan que todas sus representaciones se caracterizan por tener un doble significado, uno más evidente y otro oculto, creando un juego sin fin, en que es difícil dis- cernir. Aunque la labor de investiga- ción acerca de su persona no ha podido aclarar ciertos inte- rrogantes (como sus relaciones con los enteógenos, si los con- sumió en algún momento o si había asistido a rituales cha- mánicos), sí sabemos de su in- terés por lomágico, por lo oculto, por lo místico, evidente en su biblioteca, en la que pudieron hallarse ejemplares deHermann Hesse, Isaac Assimov o Carl Jung, y otros tan importantes en la psiconáutica como títulos de Aldous Huxley o Drogasmá- gicas , de Milton Silverman. Y, sobre todo, no hemos de obviar su intención última, como co- menta Juliana González, y que bien puede coincidir con las ba- ses de la psiconautica: “El arte de Remedios Varo se proyecta hacia el extremo opuesto: hacia la captación supraconsciente de una realidad superior”. Parecen representar o esconder mediante metáforas visuales y trampantojos (engaños visuales) de hongos alucinógenos que hacen que puedan considerarse un catálogo micológico La Huida de Remedios Varo (1961), Museo de Arte Moderno Remedios Varo (niezlasztuka.net )

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