El Cultivador 27

50 a pie de calle M uchas causas no dis- ponen de unamasa crítica de personas afines que la defien- dan, sus simpati- zantes no se han co- menzado a organizar o la sociedad no es permeable a las ideas de las mismas, obstáculos que se convierten en barreras insalvables a los que dar respuesta antes de plantearse la posibilidad de empezar a hacer presión social y polí- tica. Nosotros, a pesar de no tener nin- guno de esos problemas, casi parecemos cómodos viviendo en un escenario in- movilista donde aguardamos a que el Tribunal Supremo u otra entidad termi- nen de socavar todas las bases que per- miten a los clubes seguir funcionando. Ni las fantásticas iniciativas ya empren- didas como La Rosa Verda, ni la forma- ción de plataformas como Regulación Responsable, ni ver cómo al otro lado del charco la legalización va ganando terreno hace aparecer defensores de la causa que escriban en los periódicos más conocidos y den la cara en los programas de televisión más sonados. Necesitamos vocales enmedios de comunicación dan- do un discurso aglutinador de mayoría social que se identifique con la mayor parte posible de ciudadanos. Necesitamos articular ese discurso conmensajes que, como ha ocurrido con el “derecho a de- cidir”, “la casta” o el “sí se puede”, gocen de legitimación entre el target más grande posible. En definitiva, necesitamos crear hegemonía utilizando instituciones cre- adoras de ideologías y sentidos comunes para que la so- c i e - dad perciba el mundo de una manera aline- ada con nuestro movimiento. Tenemos que abandonar cualquier tipo de sectarismo, creérnoslo y salir a ganar ocupando todos los lugares generadores de opinión que sean posibles. Debemos sumergirnos dentro de la cultura general para que los españoles perciban nuestra lucha como algo que les toca directamente y aprovechar el malestar actual que hace que estos estén abiertos a nuevos proce- sos, exactamente de lamisma forma que hacen otros grupos organizados que ahora pelean por sus particulares luchas. En nuestros tiempos, ejemplos de rei- vindicaciones latentes que en este mo- mento están saliendo a la luz con fuerza no nos faltan: el inde- pendentismo, el femi- nismo, el animalismo o el anti- bipartidismo son sólo algunos que nos sonarán a todos. En el marco político de una democracia no son las causas correctas las que triun- fan dentro de un debate previo abierto e informado como idílicamente podríamos pensar, por el contrario, suelen ser los grupos organizados que han sabido jugar mejor sus cartas los que finalmente con- siguen cambiar el escenario a su favor. Es ahí donde nosotros debemos jugar nuestro papel coordinadamente, influen- ciando al resto de la sociedad para que ésta baile al son de nuestra música y tenga en cuenta lo que nosotros queremos cuando llegue la hora de votar. Y es que los votantes, que son los que al final in- clinan la balanza a un lado o a otro, no suelen votar con conocimiento de causa habiéndose estudiado previamente todos los programas electorales y considerando el historial de cada político, pues esto tiene un coste inmenso en tiempo y tra- bajo. Votan, en su inmensamayoría, por trivialidades de tipo emocional que apelan a determinados escándalos, al sentimiento de grupo que separa a los buenos de los malos y a los eslóganes que les han calado sentimentalmente. Eso puede de- mostrarse fácilmente viendo el bajo nivel de los debates electorales, lo rastrero de los argumentos y lo demagógico de las razones que dan unos u otros en su bús- queda por conseguir el poder a corto plazo. Así pues, y lamentando los nobles es- fuerzos que muchos activistas canná- bicos ponen en desarrollar un discurso intelectualmente superior al de los pro- hibicionistas, la batalla de las ideas en la que intentamos predominar no pasa por estar horas filosofando con el ob- jetivo hallar mejores argumentos que los del rival. Lo que hará que triunfemos será, al menos a corto plazo, desarrollar ¿A qué esperamos para un verdadero ? Nuestra causa es (prácticamente) invisible. Los clubes juegan a pasar desapercibidos, no tenemos activistas conocidos fuera de nuestros reductos cannábicos, no somos un tema candente en los programas de discusión política y, por supuesto, no nos mencionaron en el tedioso “Debate a 4” entre los aspirantes a presidente del gobierno. En definitiva, no somos el lobby que debiéramos ser. por Jose María Escorihuela, @JMEscorihuela Tenemos que abandonar cualquier tipo de sectarismo, creérnoslo y salir a ganar ocupando todos los lugares generadores de opinión que sean posibles "Tomen la educación y la cultura, y el resto se dará por añadidura” Antonio Gramsci El tiempo en el que la sociedad está descontenta y por lo tanto receptiva a los cambios podría estar acabándose

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