El Cultivador 27
51 a pie de calle eslóganes atractivos con los que bombardear a la ciudada- nía y fortalecer una identidad de grupo que separe a los de- fensores del movimiento can- nábico (o sea, a “los buenos”) de los detractores (o “los ma- los”). Una distinción parecida a la que ya existe entre “tauri- nos” y “antitaurinos”, “provida” y “proaborto”, “independen- tistas” y “constitucionalistas” o la que supuestamente separa a los que sitúan a “la izquierda” o a “la derecha” ideológica, ge- nerando un nuevo conflicto (la legalidad o ilegalidad del can- nabis) en el que el pueblo venza y se superponga a lo antiguo (a la prohibición). Puede que la necesidad de pro- fundizar en este planteamiento estratégico repugne a ciertos pu- ritanos que odienmancharse las manos empleando premisas sim- plistas que apelan a lo emocional, pues esto significa que estamos obligados a no ser mucho mejo- res que aquellos que hacen di- fusión ideológica empleando esa propaganda política exasperante a la que desafortunadamente es- tamos acostumbrados. De bien seguro, muchos preferirán al- canzar cambios políticos dando un discurso sincero y recurriendo a otras tácticas que parezcan más honradas. Pero recordad que mientras procuramos ser castos en nuestra titánica tarea de acabar con la prohibición, el tiempo en el que la sociedad está descontenta, y por lo tanto receptiva a los cambios, podría estar acabándose, por no hablar de que en nuestro estático pa- norama muchos de nuestros compañeros pueden acabar por dar con sus huesos en la cárcel. No vivimos en unmundo don- de la sociedad tenga obligación alguna de velar por lo que es justo. Tampoco las reglas del juego están diseñadas para que nos apoyemos en unos meca- nismos de deliberación que in- centiven a adoptar las decisiones políticas más adecuadas a los intereses de todos. El paradigma actual es el que es, el votante vota por las razones banales que vota, los políticos tienen el in- terés que tienen en detectar las demandas de la gente para ge- nerar promesas con las que cap- tar sus votos y, lo más impor- tante, la política o la haces o te la hacen. El mensaje que intento el tiempo en el que la sociedad está descontenta, y por lo tanto receptiva a los cambios, podría estar acabándose Debemos jugar nuestro papel coordinadamente, influenciando al resto de la sociedad para que ésta baile al son de nuestra música
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