El Cultivador 28
51 a pie de calle Seamos más fuertes que nuestros enemi- gos Debemos hacernos fuertes con urgencia y cambiar el signo de la fragilidad que mostramos. Nuestra infraestructura, abun- dante pero desorganizada, ne- cesita líderes capaces de tocar los corazones de los que ya cre- emos en la causa y de aquellos otros que, siendo la inmensa mayoría del cuerpo social, no se mojarán hasta que perciban que el resto también lo hace. Para tal fin, es imperativo re- forzar nuestra potencia de fuego ideológica –asimilando luchas que gozan de amplio respaldo popular– y apuntar con ellas en campo abierto a nuestros enemigos. No os confundáis aquellos so- ñadores que veáis segura la le- galización del cannabis, el fin de la prohibición no es una cer- teza inmediata a la que sólo haya que esperar sentados su llegada. El futuro nunca es un “por venir” definido e inequí- voco, es un “por hacer” creativo y humano, es decir, el futuro depende exclusivamente de nos- otros, y por más evidente, justa o noble que veamos nuestra causa, al gobierno que final- mente acabe formado todo esto puede darle lo mismo –espe- cialmente al PP– o, lo que es peor, puede ver en los cambios que impulsamos una “amenaza” a la que hay que exterminar y difamar a los cuatro vientos, tapando con ello –ya que esta- mos– las corruptelas y malas gestiones de turno. Los activistas combatimos en una guerra política permanente, y si vamos a estar en el lado le- galizador más nos vale dotarlo con armas que lo conviertan en la parte victoriosa. En este sentido, me gustaría señalar dos aliados naturales del mo- vimiento antiprohibicionista que debemos incorporar con más firmeza para reforzar nues- tras expectativas de éxito: la defensa de los derechos huma- nos y la lucha contra la discri- minación. La importancia de los derechos humanos y la discriminación Los derechos humanos son percibidos como una fuente de derecho internacional bajo la cual sería deseable que se sub- ordinasen los ordenamientos jurídicos de los distintos países. Su importancia social es tal que, en ocasiones, la legitimidad de un gobierno tiembla si éste no asegura las condiciones ins- trumentales que afianzan el cumplimiento de tales dere- chos. Aunque no se reconoce formalmente un “derecho a las drogas”, criminalizar este ám- bito sí tiene un impacto real muy grande en algunos dere- chos humanos reconocidos por Naciones Unidas –siendo la Nuestra infraestructura, abundante pero desorganizada, necesita líderes capaces de tocar los corazones de los que ya creemos en la causa
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NTU4MzA1