El Cultivador 28

52 a pie de calle protección de tales derechos uno de los tres pilares de trabajo que le son propios, junto a la protección del desarrollo y la seguridad–, por ejemplo, en el derecho a la privacidad, a la li- bertad de creencias y prácticas o en el derecho a la salud. Este último derecho es curioso que salga perjudicado cuando la protección de la salud es, su- puestamente, la gran excusa para prohibir el cannabis. Y es que las personas consumidoras no deberían perder el derecho a disfrutar del máximo nivel de salud física y mental posible únicamente por ser consumi- dores –no lo digo yo, lo dicen comisionados de la propia ONU–, y aun así, se apuesta por una legislación internacio- nal que invisibiliza el problema, dejando a los usuarios de can- nabis en un mar de desinfor- mación en torno al consumo y la calidad de la sustancia. Lo peor de todo esto, es que ocurre sabiendo que existen alterna- tivas mucho más respetuosas con el derecho a la salud, a sa- ber: las llamadas políticas de “reducción de daños”. Para el ámbito territorial que nos es propio, es interesante destacar que estas políticas ya se han dejado sentir por numerosos clubes cannábicos catalanes, formando a sus responsables para que estos faciliten un ser- vicio a los socios que fomente al máximo el uso responsable de cannabis. ¿Qué protección a la salud o beneficios potenciales hay en dejar a los consumidores al al- bur del mercado negro, donde el desconocimiento exacto sobre lo que están fumando o cómo ha sido procesada la planta es más grande? Defender el dere- cho a la salud es defender un consumo lomás informado po- sible que atienda a las necesi- dades del mundo real, donde el cannabis está y va a estar siempre presente, y no en re- doblar los esfuerzos de una cru- zada que pone la venda en los ojos a todo aquel que procure cuidar de sí mismo. El segundo apoyo que fortalece el argumentario activista y lo provee de un trasfondo de va- lores compartidos por amplias mayorías es, sin duda, la lucha contra la discriminación. Ya sea en su versión racial, sexual o religiosa, el objetivo de poner en un mismo plano derechos simétricos y universales para todos es algo contra lo que re- sulta muy difícil oponerse, al menos, sin prestarse a generar un gran rechazo social. A nadie se le escapará, especialmente a ningún consumidor, que rela- cionarse abiertamente con el cannabis trae consigo una “mar- ca deshonrosa” o estigma, por suerte progresivamente men- guante, que deshumaniza par- cialmente a quién se atreve a salir del armario, pues esa ex- posición conlleva arriesgarse a Defender el derecho a la salud es defender un consumo lo más informado posible que atienda a las necesidades del mundo real

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