El Cultivador 28
54 a pie de calle recurso compartido, y ahí es donde está la trampa, el coste que acarrea no va ligado, desde la óptica cada uno de los clu- bes, a un beneficio mayor para el club que decida contribuir más que otros. Es decir, al igual que ese salón de estu- diantes descuidado porque na- die tiene incentivos a costear la limpieza si el beneficio se reparte entre todos –inclu- yendo a los vagos que no lim- pian–, si no se excluyen a los que no costean la legalización de los futuros beneficios polí- ticos, estos no tendrán tantos incentivos para poner de su parte medios que preferirán usar para hacer otras cosas. Beneficios políticos que, por otra parte, son muy y muy in- ciertos. Este exasperante problema no se me antoja de fácil solu- ción. Algo hay que hacer, y ya, para que los presidentes de las cientos asociaciones se den cuenta de que lo óptimo, en agregado, es apostar fir- memente por tirar del carro. Por ello, al principio del artí- culo me atreví a sugerir que era indispensable la figura de un líder carismático que le- vante pasiones entre los ya convencidos. Actualmente, y quitando algunas excepciones espontáneamente vistas en te- levisión, no hay ningún acti- vista a quien todas las juntas directivas conozcan, respeten y les inspire esperanzas nece- sarias para que asuman gra- tamente los inevitables costes de la legalización. Un primer paso espe- ranzador Para acabar, quisiera señalar que el lavado de imagen se está comenzando a producir igualmente aun sin esa unión entre clubes. El uso terapéutico del cannabis, lleno, a mi juicio, de exageraciones y magufadas, pero de indiscutible valor a la hora de generar conciencia a cualquiera con un mínimo de empatía, sigue su rumbo y promete la implicación de mu- chos profesionales médicos deseosos de poner una herra- mienta no convencional en manos de enfermos de sinto- matología diversa. Siendo un primer paso con expectativas interesantes, debería servir para motivar a los que defen- demos un uso lúdico de la sus- tancia, dándonos el valor su- ficiente para devolver a la so- ciedad civil una libertad que nunca tuvo que serle arreba- tada: su derecho al cannabis. Libertad y buenos humos. El activismo que propulse esta legalización se convierte entonces en un recurso compartido, y ahí es donde está la trampa
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