El Cultivador 28

77 liberalismo cannábico donde poder adquirir con ga- rantías su cannabis para uso recreativo o medicinal, y tam- bién elegir a qué dispensario acudir, pudiendo ser asesorado por profesionales: libre merca- do. Claro que un ciudadano de- biera tener el derecho a aso- ciarse o integrase en un club privado donde todos tienen los mismos gustos o necesidades: libertad de asociación. Un gobierno con su legislación debe poder dar forma y facilitar las distintas formas de abaste- cimiento del consumo por parte de sus ciudadanos. Las dos for- mas deben coexistir al ser com- plementarias. Estados Unidos es garante de uno de esos dos sistemas de abastecimiento del consumo personal y medicinal. Este país aboga por crear unos dispen- sarios o comercios de cannabis con ánimo de lucro, que pro- duzcan beneficios para sus ciu- dadanos en forma de millona- rios impuestos, miles de em- presas y puestos de trabajo, además de oportunidades de negocio. Este sistema permite un férreo control de las calida- des de los productos, las ventas, los locales y toda su cadena de suministro desde el cultivo a la venta al consumidor final. España, por el contrario, tiene arraigado y puesto en marcha el otro sistema de abastecimien- to, el de los clubes o asociacio- nes. Para empezar, estos clubes privados o asociaciones no se crean con ánimo de lucro, no son grandes creadores de pues- tos de trabajo, no generan im- puestos millonarios y su cadena de suministro, desde el cultivo hasta la venta a sus asociados, crea problemas con la justicia y no asegura una calidad exce- lente. Sin embargo, es una for- ma de asociación que goza de la simpatía de gran parte de los consumidores de cannabis españoles. No es que alguna de estas fór- mulas de sistema de abasteci- miento para consumo personal sea mejor o única, de hecho, existe otra conocida, la de los coffeeshops holandeses. Estos funcionaron muy bien durante años, aunque la llamada “puerta de atrás de los coffeeshops ”, al no estar bien regulada, propició que los dueños de los estable- cimientos se abastecieran en el mercado negro, lo que creo pro- blemas con la ley. Posterior- mente, el gobierno holandés de turno, aprovechándose de cier- tas faltas, cambió las normas y degeneró en lo que son en la actualidad, coffeeshops/clubs que no tienen a nadie contento y que, inevitablemente, habrá que reajustar. Un gobierno debería poner las bases y regulaciones para que sus ciudadanos pudiesen tener la oportunidad de poder crear sus propias asociaciones o clubes de consumo de can- nabis, tanto medicinales como de recreo, y que sus miembros se sintiesen y estuviesen pro- tegidos por la ley. Un gobierno debería regular para que los emprendedores o las empresas pudiesen aprove- charse de un producto de gran consumo y poner los cimientos de una industria que crease ri- queza, generase impuestos y revirtiese en empleos o formas de vida. La industria del cannabis es y será mucho más grande que ésa de la que hoy opinamos, la de su consumo recreativo. Sus aspectos medicinales, alimen- ticios, turísticos, cosméticos y ecológicos, además de ser un combustible no contaminante, harán que la industria relacio- nada con el cannabis sea una de las más importantes del mundo. Por eso el consumo y abastecimiento personal de can- nabis debe estar regulado, para que millones de personas que lo utilizan (y seguirán hacién- dolo) tengan unas mínimas ga- rantías de calidad y seguridad. Si una persona quiere adquirir una buena botella de vino o de licor, sabe adónde ir, al igual que cuando una persona quiere comprar tabaco. Cuando una persona quiere ir a una cata de vino, también sabe perfecta- mente adónde ir. Los clubes de fumadores de tabaco también existen y allí, estas personas asociadas, pueden acudir y estar en armonía con su consumo. Un tipo de emplazamiento aso- ciativo no está reñido con la existencia de otro puramente comercial. Ya hemos inventado y puesto enmarcha la solución para que estas dos formas de abasteci- miento personal puedan coe- xistir y ninguna excluya a la otra, las dos son posibles y via- bles. Se debe legislar con una má- xima que contemple ambas op- ciones. Si ustedes quieren jun- tarse y crear un club o asocia- ción porque quieren compartir su cultivo y consumo, deben tener una regulación para que esto pueda llevarse a cabo como una asociación gastronómica o de vino. Muchos defensores del consumo de vino y sus asocia- ciones hablan de que “el con- sumo de este caldo forma parte de una relación social”. El con- sumo de cannabis también se apunta a este eslogan y deman- da una buena regulación estable para que los clubes y asocia- ciones de consumidores no pa- rezcan sufrir bajo “la espada de Damocles”. También los di- rigentes deben poner las bases para que una nueva industria del comercio de cannabis pueda ser implantada en sus territo- rios. La regulación y creación de este tipo de comercios ha sido muy importante para la eco- nomía de los estados nortea- mericanos que tienen implan- tadas leyes sobre cannabis. Ya no sólo por la creación de ri- queza que luego repercute en la sociedad, sino porque el con- sumo de cannabis siempre ha existido y seguirá existiendo, como el del alcohol, y genera una enorme cantidad de dinero que de no ser por estos esta- blecimientos legales que la ven- den, acabaría en los bolsillos de mafias y de mercados ilega- les. La industria del cannabis legal es la primera arma (y tam- bién la más efectiva que existe) para combatir el mercado negro. Por el contrario, después de sa- ber los números recaudatorios de estos estados norteamerica- nos, sabemos que es una de las primeras fuentes de ingresos derivada de los impuestos. Otros países quieren centrarse en la creación de otros tipos de industria con el consumo y abas- esos beneficios acababan en el mercado negro y en el narcotráfico, haciéndolos más fuertes

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