El Cultivador 28

78 liberalismo cannábico tecimiento personal de canna- bis, como el turismo y la inves- tigación. El turismo del consu- mo de cannabis es otro sub- apartado dentro del consumo de cannabis que tampoco de- beríamos dejar pasar. Hace unas semanas, en una conferencia en su país, un ministro jamai- cano abogó por una industria turística de consumo de can- nabis medicinal. Defendía que el cannabis era unamateria pri- ma jamaicana de alta calidad y que su país y sus ciudadanos podían beneficiarse de una ex- pansión de este tipo de turismo consumidor. Hablaba de que las naciones poderosas, años atrás, habían “obligado” a países como el suyo a prohibir una sustancia consumida por gran parte de su población, y ahora eran los primeros en levantar la prohibición. Hace poco también leímos que el turismo de consumo canná- bico pronto pondrá su primer crucero vacacional a órdenes de esta nueva industria: saldrá desde EE.UU . y recorrerá el Caribe. Otra industria del consumo de cannabis está en la investi- gación, y ahí es Israel el país que parece estar en las primeras posiciones de salida. Canadá y EE.UU. también son grandes valedores. Cuando el consumo es legal (en el caso israelí sólo el medicinal), la investigación relacionada con ese consumo también es una punta de lanza. Las industrias de I+D en apa- ratos de consumo como vapo- rizadores es otro subsector de la industria del cannabis que está en auge. La regularidad en las cualidades de la mari- huana, y por tanto en investi- gación en su cultivo, también es otra máxima para las em- presas médicas y consumidores, y se necesita una investigación muy cualificada. El consumo del cannabis en sí ya es un apartado generador de industria. Como decíamos, si unos deciden asociarse en un club, deben tener la posibi- lidad regulatoria de acceder a esa posibilidad y poder acceder a ese derecho; si otros, por el contrario, desean acudir a un establecimiento o dispensario para poder informarse y adqui- rir un tipo de variedad de can- nabis, también deben poder ha- cerlo con garantía; y también deberían crearse locales de con- sumo donde poder ir a consumir sin pensar en crear molestias a otras personas. Una sociedad debe ser respetuosa con los con- ciudadanos que no tienen los mismos gustos o aficiones y, precisamente por eso, se deben poner los mecanismos legales para una perfecta implantación de estos negocios. No entenderíamos que una persona que quiera tomarse un vino sólo pudiera ir a un club de cata o sociedad gastronómi- ca, por lo tanto, tampoco de- biéramos entendemos que si una persona quiere comprar o consumir marihuana sólo tenga la opción de ir a un club o aso- ciación de cannabis. Igual que existen bodegas y tiendas es- pecializadas de venta de alcohol, junto a bares, pubs o restau- rantes para consumirlo, debe- rían existir dispensarios de ma- rihuana a la vez que clubes de cannabis privados junto a cof- feeshops o asociaciones de con- sumo. Una nueva industria legal está creciendo a los largo del mundo. No nos referimos al cultivo o estudio del cannabis, nos refe- rimos a su consumo y abaste- cimiento. Un tipo de emplazamiento asociativo no está reñido con la existencia de otro puramente comercial

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