El Cultivador 29
50 a pie de calle Los marcos legales crean incentivos Suele argumentarse que la prohibición del cannabis per- mite a una sociedad que prime el razonable interés común de preservar a la población sana. No obstante, el buen deseo (o incluso el miedo) de que en un primer momento nos puede empujar a eliminar ciertos pe- ligros para la salud pública me- diante el poder de la ley, por desgracia, no siempre traerá consigo las consecuencias es- peradas. Y es que cuando juga- mos a ser ingenieros sociales influyendo en las relaciones que mantienen los seres humanos, y en nuestro caso concreto, en las estructuras de producción, distribución y consumo de can- nabis, con el objetivo de opti- mizar los niveles de salud ge- neral, resulta fácil errar si no se ha tenido en cuenta lo sufi- ciente la importancia de po- tenciar en la dirección adecuada aquellos determinantes crucia- les quemoldean esas relaciones, a saber: los incentivos. Los seres humanos respon- demos a incentivos y cambia- mos nuestro comportamiento adaptándonos a los mismos, por ejemplo, al ser penalizados o premiados. Esto es así y puede verse en múltiples escenarios, desde el laboral, donde las pri- mas económicas juegan un papel de es- tímulo para que el empleado sea más productivo, al académico, donde se otorgan matrículas de honor y buenas plazas de prácticas a aquellos alumnos que luchen por la excelencia y, por supuesto, al mundo jurí- dico, que es el que atañe a la correcta orde- nación de la Con la salud no se Legalidad es responsabilidad La prohibición del cannabis está cimentada, mayormente, sobre la protección del derecho a la salud. Sin embargo, que dicha política esté ligada en el imaginario colectivo a la idea de que promueve el bienestar físico y mental de los ciudadanos sólo responde a un consenso que puede, y debe, ser puesto en entredicho. “Las personas que consumen drogas no pierden sus derechos humanos. Estos incluyen el derecho de aspirar al estándar más alto de salud física y mental disponible. Navanethem Pillay, alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, 2009 Los seres humanos respondemos a incentivos y cambiamos nuestro comportamiento adaptándonos a los mismos, por ejemplo, al ser penalizados o premiados
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