El Cultivador 29

54 a pie de calle que da pie al personal sanitario para que se especialice y ofrez- ca información veraz adaptada a cada usuario específico. ¿Es un consumo esporádico de ca- rácter recreativo? Quizá se de- bería incidir en que la expe- riencia resultará más placen- tera si se espacian los tiempos de consumo, y si ésta es una excepción a la rutina cotidiana y no una costumbre. ¿Es un consumo habitual? Tal vez se podría fomentar que se haga en la medida en que las obli- gaciones laborales, familiares y estudiantiles no se vean afec- tadas negativamente, o reco- mendar realizar algún descan- so periódico. ¿Está el consu- midor asustado por los “malos viajes” que le achacan última- mente? Animemos al usuario a explorar si han habido de- terminados cambios en su vida personal que lo provoquen, recomendemos un entorno tranquilo y relajado para el consumo o un tipo diferente de cannabis, como el rico en CBD. Las posibilidades edu- cativas, como podemos ver, son enormes, y todavía po- drían serlo más si se realizara bajo la perspectiva de que el cannabis fuese una sustancia legal y, por ende, con unos usuarios menos estigmatiza- dos y más proclives a com- partir sus desventuras con sus allegados y con el personal sanitario. La libertad, ese valor que nunca debemos perder de vista Si bien podría parecer que alinear correctamente incen- tivos es el objetivo a tratar de este texto, no quisiera que el lector se quedara con la idea que los seres humanos somos algo así como fichas deshu- manizadas en un tablero, me- tafóricamente hablando, con las que podamos jugar alegre- mente, trasteando las reglas de juego. Las personas tene- mos sentimientos y deseos que nos son propios, que nos importan, por lo que, viéndolo con un mínimo de empatía y respeto, no estaría mal que estos nos fuesen respetados. Con ello, lo que intento decir no es otra cosa que igual de importante que el derecho a la salud es el derecho a dis- frutar de una esfera amplia de libertades inviolables. Abs- traerse y ponerse en el pellejo de un benevolente ingeniero social que busca maximizar la salud de los ciudadanos es un ejercicio mental interesan- te, pero teniendo siempre pre- sente que uno no es dueño de la vida de otros. Esta visión liberal de la so- ciedad que intento introducir al final del artículo no contra- dice en absoluto la totalidad del mismo, pues si el cannabis debe ser legal, lo debe ser, pri- mero, porque tenemos el de- recho a ser libres asumiendo los riesgos que tiene la sustan- cia, y segundo, porque dicha libertad casa más que bien con la promoción de unmayor bien- estar físico y mental general. Y si por desgracia, aunque sin- ceramente no lo creo, se de- mostrase que legalizar el can- nabis es contraproducente con el derecho a la salud, la libertad, esa cosa que ni se come, ni da cobijo, pero que duele ardua- mente cuando falta, sigue sien- do una aspiración más que no- ble en la que merecería igual- mente la pena invertir todos nuestros esfuerzos. Igual de importante que el derecho a la salud es el derecho a disfrutar de una esfera amplia de libertades inviolables

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