El Cultivador 29
Imagina la impresión que hubo de causarles a Rodrigo de Jerez y Luis de Torres la visión de estos hombres, indígenas, humeando como chime- neas. Humo, combustión o fuego es- tán relacionados con el infierno y el diablo, representaciones con gran carga simbólica para los católicos españoles tan educados en los vicios y las virtudes de la carne. ¿Y qué placer encontraban en el tabaco? Gonzalo Fernández de Oviedo contesta en el libro 4 de Historia general y natural de las indias, islas y tierra-firme del mar océano , en que recoge los acontecimientos acae- cidos entre los años 1492 y 1549: “Yo no puedo pensar qué placer se saca del acto, si no es la gula del beber que primero hacen que tomen el humo ó tabaco, y algunos beben tanto de cierto vino que ellos hacen, que antes que se za- humen caen borrachos; pero quando se sienten cargados é har- tos, acuden á tal perfume. E mu- chos también, sin que beban de- masiado, toman el tabaco é hacen lo que es dicho hasta dar de es- paldas ó de costado en tierra, pero sin vasca, sino como hombre dormido. Sé que algunos chris- ptianos ya lo usan, en espeçial algunos que están tocados del mal de las buas, porque dicen los tales que en aquel tiempo que están assi transportados no sienten los dolores de su enfermedad, y no me paresçe que es esto otra cosa sino estar muerto en vida el que tal hace: lo qual tengo por peor que el dolor que se excusan, pues no sanan por eso. Al presente muchos negros de los que están en esta cibdad y en la isla toda, han tomado lamisma costumbre (…) porque diçen que, quando dexan de trabajar é to- man el tabaco, se les quita el cansançio.” Que estos primeros encuentros de los acompañantes de Colón con el tabaco fueran comprendidos en rituales de bienvenida imprimió en la perspectiva colonizadora del ta- baco una impronta herética y una asociación peyorativa. Fumar no era solamente un acto que aludiera al diablo por el humo y la combus- tión, sino que el mismo ritual que acompañaba a su consumo tenía carácter de herejía, por ser contrario a las costumbres de religiosidad y decoro tan celosamente guardadas por los católicos colonos. Ello resulta paradójico si tenemos en cuenta que los efectos de adormilamiento y embriagamiento que produce el tabaco, le ganaron el posterior ape- lativo de hierba sancta , aunque en los primeros momentos su uso no se comprendiera, como explica De Oviedo: “Usaban los indios desta isla entre otros sus viçios uno muy malo, que es tomar unas ahumadas, que ellos llaman tabaco, para salir de sentido (…) Esta hierva que digo, en alguna manera ó género es semejante al beleño, la qual toman de aquesta manera: los caçiques é hombres principales tenían unos palillos huecos del tamaño de un xeme ó menos de la groseza del dedo menor de la mano, y estos cañutos, tenían dos cañones respondientes á uno (… ), é todo en una pieza. Y los dos ponían en las ventanas de las na- rices é el otro en el humo ó hierva que esta ardiendo ó quemándose; y estaban muy lisos é bien labra- dos, y quemaban las hojas de aquella hierva arrebujadas ó en- vueltas de lamanera que los pajes cortesanos suelen echar sus ahu- madas: é tomaban el aliento é humo para sí una é dos é tres é mas veçes, quanto lo podían por- fiar, hasta que quedaban sin sen- tido grande espacio, tendidos en tierra, beodos ó adormidos de un grave é muy pesado sueño. Los indios que no alcançaban aquellos palillos, tomaban aquel humo con 83 pensamiento psicodélico A su llegada a Europa, será introducido por muchos como la solución a muchos problemas de salud A su llegada a Europa, será introducido como la solución a muchos problemas de salud
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