El Cultivador 3

51 pensamiento psicodélico D ejando atrás el literario momento Beat y comen- zando la década de los 60 surge una de las etapas más importantes para la Psicodelia, el movimiento Hippie . Fue una rebelión masificada y, para muchos, el momento crucial que pudo llevar a una concien- ciación generalizada, a un rechazo del imperialismo, del consumismo y los deliberados asesinatos gubernamentales. Un camino hacia la paz mundial, la igualdad, el respeto y ante todo, la libertad. Suele decirse que se trataba de uno más de los movimien- tos “contraculturales” existen- tes, refiriéndose con esta palabreja a aquellos movi- mientos que no aceptaban los valores o formas sociales impuestas por sus contempo- ráneos. Sin embargo, el movi- miento fue mucho más allá de esta limitada definición, los hippies (vamos a permitirnos el lujo de referirnos a ellos como si fueran una sola entidad en cursiva) intentaron superar ese prejuicio que aferra nuestra naturaleza animal, por una parte, y nuestra alma (o nuestra razón, depende del prisma con que se mire), por otra, a un mundo lleno de normas arbitrarias, de leyes injustas, de gober- nantes adinerados y soldados que mueren en guerras injus- tificada sin un céntimo en los bolsillos; de hambre, odio, envidia y dolor. El término hippie proviene del inglés hipster , palabra usada previamente para designar a otras subculturas como la existente en torno al mundo del Jazz de los años 40. Y hipster proviene de hip , adjetivo y sinónimo de “moderno”. La palabra se reutiliza, muta y aumenta sus acepciones, en este caso, para referirse a los nuevos beatniks , los que antes fueron herederos de la genera- ción Beat . Para algunos, los beatniks era tan solo la burda visión de la calle, de la gente de a pie que comenzó a vestirse como bohemios e intelectuales, visión, al fin y al cabo, cómica y banalizada del legado beat , y para otros, fue el imprescindi- ble puente hacia la masifica- ción, la popularidad y simpatía que, posteriormente, posibilita el nacimiento del colectivo hippie . Aunque el movimiento nació, se desarrolló y, prácticamente, murió en Norteamérica, se expandió a lo largo del todo el mundo. Gente de todas partes del planeta viajó a Estados Unidos para sumarse a la corriente o participó en grupos más reducidos y menos numerosos en varios países occidentales. Según transcurría la década, el movi- miento se hizo más argumenta- do, numeroso y variado. Cierta falta de unificación, abundantes cantidades de caos y un talante que en muchos casos fue tachado de “anarquista”, propiciaron que una gran parte de la población rechazara aquellos valores desprejuiciados y libertinos. Los colectivos con- servadores y religiosos despres- tigiaban constantemente este movimiento pacifista en los medios de comunicación, en las iglesias, en entornos universita- rios y en la calle. Es de sobra conocida la leyenda (que no lo es tanto) de que cuando los hippies viajaban a través de la “Ruta 66” debían tener especial cuidado cuando pasaban por pueblos de Texas y Nuevo México, al sur de los Estados Unidos. Cierto tipo de sustancias psi- coactivas fueron la forma, el medio y el contexto a través del cual el sujeto viajaba a un lugar libre de preconcepciones y dogmas, un lugar carente de miedos grabados a fuego en la cotidianidad de cada una de las personas partícipes de la sociedad; viajaba hacia el encuentro con la esencia natural e incontestable del ser humano. Cuando se regresaba de aquel viaje, el “lúcido” ya nunca volvía a ser el mismo, pues había experimentado “la verdad” y ya no podía continuar engañándose a sí mismo. Dada la imposibilidad de un acopio histórico y la intención de centrarnos en el pensamien- to, en la esencia filosófica de este movimiento, debemos resaltar algunos momentos, lugares, experiencias y personas imprescindibles. El poeta Allen Ginsberg, el único de la generación Beat del que no hablamos un poco más en profundidad en el anterior artículo sobre el nacimiento psi- codélico, es el nexo de unión personificado entre los beats y Fue una rebelión masifi- cada y, para muchos, el momento crucial que pudo llevar a una concienciación generalizada pies Por Xosé F. Barge

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