El Cultivador 30

52 a pie de calle “derechos fundamentales” que cualquier minoría o individuo debe poseer. ¿Deberíamos tole- rar esa vulneración si la mayo- ría de ciudadanos de un país así lo votase? Sinceramente, creo que no. No pienso esconderlo, mi opi- nión sigue la línea que considera a los derechos humanos como la fuente primera de derecho. Para mí, y para mucha otra gente, la igualdad moral de las personas, esto es, la condición de que todos los seres humanos somos sujetos de derecho indepen- dientemente de nuestra proceden- cia, raza, sexo, reli- gión u otras sin- gularidades arbi- trarias, está mucho más legi- timada que el deseo, muy demo- crático por otra parte, que pueda tener la inmensa mayoría de ciudada- nos de un país de atentar contra esos derechos mínimos que deberían serles respeta- dos a cualquiera. Es decir, creo firmemente que nadie debe poder votar contra esos derechos y, en consecuencia, que son los ordenamientos jurí- dicos de los distintos países los que deben amoldarse a los derechos humanos y no al revés, puesto que, como ya he dado a entender, los derechos no deben emanar de la suerte o desgracia de ser ciudadano de un país u otro, sino de la condición de ser humano. Si nos paramos a pensar un segundo, que la fuente del derecho de cualquier país parta de los derechos huma- nos tiene, intuitivamente, bas- tante sentido, pues éste es un marco simétrico (igual para todos), universal (válido para todos) y funcional (útil para todos), condiciones indispensables que debería tener cualquier sistema de derecho justo, donde no quepan intereses o privilegios particulares para que deter- minadas personas no puedan gozar de unos derechos que, si son justos para unos, son justos para todos. Poner a la democracia por encima de los derechos humanos, por contra, podría dar lugar a situaciones inmorales si es que los votantes o representantes de los mismos así lo desean, como tristemente ocurre en aquellos países donde está implantada la pena de muerte, donde se restringe el paso de refugiados o donde el auge populista contra la inmigración está en auge. Si estamos de acuerdo en este punto, la cuestión es si en los tiempos en los que vivimos se aplica unmarco simétrico, uni- versal y funcional con respecto al derecho que tenemos o no al cannabis, y si dicho derecho tiene cabida dentro de una ética de mínimos que encaje en los derechos humanos. En otras palabras: ¿es el cannabis un derecho humano? La hipocresía de la prohibición Para razonar si estamos tra- tando el derecho al cannabis con justicia y si éste encaja en una ética de míni- mos respetable, es necesario, pre- v i amen t e , distinguir la natu- raleza Poner a la democracia por encima de los derechos humanos, por contra, podría dar lugar a situaciones inmorales

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