El Cultivador 30
otros productos exportables”, los datos de un censo realizado en San- tiago de los Caballeros (segunda ciudad insular en importancia) cons- tatan la existencia de 95 estancias “dedicadas a la producción de casabe, maíz y tabaco”, lo que es muestra suficiente de la importancia que la planta había adquirido en el nuevo continente gracias a la aten- ción europea. Además, la hierba panacea ya había comenzado su carrera por conquistar el mundo. De la mano de españoles, portugueses e ingleses, arribó a los antiguos puertos del Japón, de China y de Filipinas, entre otros. Y, como apunta Gutiérrez, buena prueba de ello es la aparición de los expendios en Londres, donde el tabaco luchaba con el alcohol en la guerra del diver- timento. Eso sí, no sin hallar oposi- ción en su camino: había países donde se penaba con la muerte o mutilación su consumo y algunos empezaron a señalar sus peligros, como Sir Francis Bacon, que se per- cató de su capacidad adictiva. No obstante, la Corona española no tardó en adivinar los buenos ingresos que la venta y distribución de tabaco podían granjearle y el 20 de octubre de 1614, Felipe III pro- mulga otra Real Cédula. Con ella se desdice y permite la libre siembra de tabaco: “Es nuestra voluntad que los vecinos de las islas de Barlovento, Tierra Firme, y otras partes onde se siembra y coge tabaco, no pierdan el aprovechamiento que en él tienen, y nuestra real hacienda goce el bene- ficio que resulta de su comercio. Y tenemos por bien y permitimos que lo puedan sembrar libremente, con que todo el tabaco que no se consu- miere, y hubiera de sacarse de cada isla o provincia donde se cogiere, venga registrado derechamente a la ciudad de Sevilla; y los que con- trataren en él por otras partes, incu- rran en pena de vida, y perdimiento de sus bienes (…)” Así, se centralizó la distribución del tabaco en Sevilla, comenzó a grabarse su venta con impuestos y a penarse su tráfico ilícito. Cuatro años más tarde se constituyó en Sevilla la primera fábrica de tabacos, por iniciativa privada: la fábrica de San Pedro. Habría que esperar hasta el siglo XVIII que se consti- tuyera mediante transformación la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, sede actual de la Universidad de Sevilla, y mayor edificio industrial de su época. De aquellas, el tabaco había llegado a todos lados y en Sevilla hasta los 79 pensamiento psicodélico Se centralizó la distribución del tabaco en Sevilla, comenzó a grabarse su venta con impuestos y a penarse su tráfico ilícito Cajas de rapé (Museo de Salamanca)
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