El Cultivador 31

52 a pie de calle reivindicadas omnipresente- mente en lamayoría de espacios que simpatizan con la idea del cannabis legal son, en mi humilde opinión, superficiali- dades que se quedanmuy cortas comparadas con los derechos que realmente nos merecemos. Desigualdad ante la ley Imagine que es la tarde del viernes. Usted lleva toda la semana laborando duramente, esperando, en parte, ese dulce momento en el que abandona su puesto de trabajo y se dirige a la terraza de algún bar de con- fianza donde ha quedado con unos amigos que, aunque exhaustos, tienen los ánimos encendidos ante la noche de risas que se acerca. De pronto, se percata de algo extraño, pues donde debían estar situadas las habitualesmesas de terraza aba- rrotadas de buenas tapas, jarras de cerveza y ceniceros, no hay nada salvo una puerta discreta en donde antes solía haber un letrero radiante que señalaba el nombre del establecimiento, rodeado a su vez de esa propa- ganda ahora desaparecida que habitualmente anunciaba los menús del día, las ofertas y los espectáculos que se celebraban en su interior. Su asombro se hace aúnmayor cuando entra al local y se da cuenta de que sus ami- gos no se encuentran consumiendo sus marcas habituales, pues éstas están vetadas y los clien- tes han dejado de serlo para con- vertirse en socios, a los que sólo les está per- m i t i d o tomar unas variedades concretas de fermentados y destilados que, adicionalmente, han sido fabricadas por personal vinculado a dicho bar. Confuso al ver el panorama que se le pre- senta, sale al exterior para des- pejarse un instante fumándose un cigarrillo, pero, paramás des- gracia, al hacerlo los transeúntes del lugar claman al aire indignados y le hacen señas para que lo apague rápidamente. Pos- teriormente, visto su negativa a hacerlo, avisan a un policía cer- cano que finalmente le acaba sancionando con unamulta que asciende a varios centenares de euros. Aunque el escenario descrito, como el lector habrá compren- dido, es una fantasía que ningún bebedor o fumador de tabaco deberá experimentar este fin de semana, ésta resulta, por contra, una realidad como la copa de un pino para todos aquellos que consumimos cannabis. La ana- logía ha sido expuesta, simple- mente, para visualizar la pérdida de derechos que experimentaría todo bebedor y fumador de tabaco si asumiera las mismas reglas de juego en las que nos movemos los usuarios de can- nabis (si es que a nuestra alega- lidad se puede considerar como tal). La pregunta pertinente que debe surgir entonces es: ¿somos tratados de manera diferente a los bebedores y fumadores de tabaco por alguna diferencia objetiva? Si bien éste parece un enfoque inusual, en algúnmomento ten- dremos que poner encima de lamesa el hecho inne- gable de que los consumi - d o r e s d e ¿Somos tratados de manera diferente a los bebedores y fumadores de tabaco por alguna diferencia objetiva?

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