El Cultivador 31

a pie de calle Siendo absolutamente cierto que el humo de un porro no es del agrado de todo el mundo, cabría preguntarnos, para ser coherentes, si el humo que des- prende un cigarro de tabaco sí es un aroma gratificante para todo fumador pasivo que ve inundados sus pulmones con este inevitable desecho de segunda mano. Con respecto a la parte que atañe a los niños, muchos dicen que la imagen que se desprende de alguien fumando porros “no es comparable” a la de alguien que consume alcohol en una terraza o se fuma un pitillo mientras espera a sus hijos en la puerta del colegio. Sin embargo, ¿por qué no es exactamente equipa- rable? ¿Realmente son actos abiertamente diferentes o una retrógrada percepción sesgada hace que algunas personas “lo vean” diferente? Desafortunadamente, demasia- das veces el estigma que impregna a aquellas personas que se atreven a salir de la normalidad acaba constituyendo la única idea de fondo que realmente se utiliza para justificar lo injustificable. En el caso que nos ocupa, la afir- mación que apela a la imagen que cada cual quiera extraer del fumador de cannabis expresada en la negación “no es compara- ble”, no es sino un intento a la desesperada por parte de los estig- matizadores para que otros acep- ten la tendenciosa proyección mental que buscan proyectar. Dado que esta discriminación no deja de ser, a fin de cuentas, otra cosa que una exclusión irracional (y hay quien podría percatarse de ello), frecuentemente algunos prohibicionistas suelen ir más allá explorando otro pretexto que, esta vez sí, daría con esa supuesta diferencia que explicaría un trato desigual con los consumidores de cannabis, a saber: resulta obvio que drogarse, especialmente en vías públicas, podría degenerar en una sociedad insana y disfun- cional. Con un pequeño detalle insignificante que este plantea- miento rehúye y es, que la gente en la actualidad ya se droga a la vista de cualquiera fumando tabaco y bebiendo alcohol. Si bien habrá quien crea que no es com- parable la distorsión social que provoca el consumo de cannabis comparada con la que producen las drogas legales, personalmente, me cuesta trabajo afirmar que el alcohol, una droga cuyo consumo está detrás de numerosos acci- dentes de tráfico, casos de vio- lencia, intoxicaciones graves, la elevación del gasto público sani- tario y un síndrome de abstinencia muy difícil de sobrellevar; no genera ciertamente más disfun- cionalidades que el cannabis y, no por eso, esta droga se ilegaliza o se prohíbe su consumo en terra- zas y eventos públicos de toda clase. Por otro lado, y para finalizar señalando otros derechos que todavía no peleamos lo suficiente, cabe señalar el pobre apoyo que suma la venta comercial del can- nabis entre los activistas, a pesar de que la plataforma pionera en la legalización del cannabis en España, RegulaciónResponsable, contempla la figura de la venta con licencia. Incluso así, en la propuesta de dicha entidad hay matices harto dudosos con la equiparación de nuestros dere- chos al del resto de usuarios de drogas legales. Un ejemplo de ello sería la sugerida desvincula- ción, si bien parece que demanera inicial y temporal, del Estado español con las prácticas estric- tamente comerciales con tal de favorecer a las cañamerías de ámbito local para que éstas, tex- tualmente, prioricen el producto de proximidad y eviten prácticas monopolísticas por parte de gran- des corporaciones. Mas, si en el actual mercado de cerveza, por poner un caso, conviven las gran- desmarcas con los pequeños pro- ductores artesanales y no hay ninguna que acapare todo el mer- cado, ¿por qué habría de ser dis- tinto en el caso del cannabis? Es de justicia comentar que, si bien haymucho fundamentalista encajonado en posiciones muy revisables, no sería de extrañar que, tanto Regulación Respon- sable como algunos activistas, finalmente modificaran parcial- mente sus bases, lo cual sería una alegría para todos aquellos que pensamos que hay vida más allá del autocultivo y el asocia- cionismo aislado del resto de ciu- dadanos. Libertad y buenos humos. cabe señalar el pobre apoyo que suma la venta comercial del cannabis entre los activistas

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