El Cultivador 32
a pie de calle incluso una invasión moderna del paísmás poderoso del mundo a la última gran fábrica del mundo de opio (Afganistán), los niveles de producción de opio no se han visto sino incrementados gigan- tescamente en tal país. Y es que lo único que podemos esperar al disminuir la oferta de drogas en un entorno de demanda estable, o incluso creciente, es un fugaz aumento de precios, hecho que genera un atractivo margen de beneficios extraordi- narios a la espera, como se ha podido constatar, de que el inge- nio agregado demillones ymillo- nes de personas se superponga al de los ingenieros sociales de la prohibición. Necesitamos un marco diferente Si un marco legislativo que se alza a hombros de la irracionali- dad y de la fuerza de la ley des- encadena una tormenta de con- secuencias tan absurdamente nefastas, es de vital importancia reconsiderar la postura prohibi- tiva desde la razón y la volunta- riedad. Por ello, el esquema soña- dor bajo el cual la idea fantasiosa de que forzar al mundo a vivir sin drogas es la respuesta a los problemas que traen tales sus- tancias debe cambiar a otro, radi- calmente diferente, en donde dichos problemas puedan ser abordados desde mejores pers- pectivas. En ese sentido, un esquema distinto al establishment actual, y cuyos incentivos se ali- nean para tratar de dar respuesta a los problemas que traen las drogas desde la razón, puede encontrarse en un polo opuesto donde la libertad de los seres humanos, y por lo tanto también sus responsabilidades, se encon- trarían reforzadas. ¿Cuál es la diferencia esencial entre el esquema prohibitivo obsoleto y el propuesto? En el marco donde el burócrata o el político es el que toma la decisión, aún imaginando que posee “la mejor” de las inten- ciones, éste está perversamente incentivado a llevarla a cabo de manera ignorante desde el momento en el que las conse- cuencias de dicha decisión des- cansan sobre terceras personas (sus gobernados), que serán, en última instancia, los que asumi- rán todos los daños externaliza- dos por él. Esto puede verse, precisamente, en aquellos polí- ticos prohibicionistas que, desde la mala fe o ignorancia, hacen promoción de unas políticas que sólo afectan a sus ciudadanos, haciendo que deban mezclarse con la turbia ilegalidad de las drogas y dejándoles a ellos, que son los artífices de las desgracias que soportan otros, indemnes. La diferencia con el marco pro- puesto, por consiguiente, gira en torno a devolver la responsabi- lidad de manejarse correcta- mente con las drogas a la socie- dad civil, pues ésta, finalmente, es la que acabará internalizando los errores derivados de la igno- rancia más omenos acusada que se tenga con estas sustancias. Si tuviésemos, por tanto, unmarco en el que la libertad y no la pro- hibición fuese la norma, el ciu- dadano, que es quien al final internaliza los errores derivados de la ignorancia, tendría mucho mejor alineados sus incentivos para llevar a cabo acciones más responsables. En otras palabras, cuando el agente no es respon- sable de sus decisiones desin- formadas, los incentivos para continuar llevándolas a cabo des- informadamente permanecen; cuando el agente sí es responsa- ble, hay fuerzas para que ocurra lo contrario. Este último modelo, unido a la construcción de instituciones inclusivas que absorban la infor- mación que vayan generando descentralizadamente los indi- viduos, garantiza que el proceso de prueba y error de la práctica con las drogas vaya depurándose gradualmente y, con ello, que el know-how de la sociedad vaya creciendo y ayudando amoderar los riesgos del consumo. Los beneficios de una cultura tole- rante con las drogas se pueden ver, perfectamente, con el vino, pues no hay que olvidar que a Europa le llevó 3 siglos aceptar el consumo de vino, origen del primer delito contra la Salvs Pvblica , y que antiguamente se castigaba a toda mujer y todo hombre menor de 35 años sim- plemente por beberlo. Echando una mirada al pasado desde el presente actual, donde éste está profundamente inserto en nues- tra cultura, nos pueda parecer asombroso. Ahora que el vino está aceptado, sabemos en qué momentos es adecuado consu- mirlo, cómo producirlo para que alcance la graduación y exquisitez deseada o qué peligros tiene, entre otras muchas cosas, siendo todo esto, precisamente, lo que necesitamos como agua de mayo para con el resto de sustancias. Con todo, y gracias a la descon- siderada labor de grandes pro- fesionales, como los chicos de Energy Control, institución des- arrolladora de estrategias de ges- tión de placeres y riesgos, esta necesaria cultura está empezando a emerger. Libertad y buenos humos.
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