El Cultivador 33
50 a pie de calle Aprendiendo a vivir con el enemigo El siglo pasado, en el que penosamente destacaron los totalitarismos, ofrece una res- puesta satisfactoria a dicha pre- gunta. El auge del comunismo y el nazismo, cuya influencia se dejó notar para buena parte de la población mundial, fue precedido igualmente por otro mensaje redentor que prometía liberar al ser humano de toda suerte de pobreza, codicia, des- igualdad e impurezas raciales o morales. Todo un anuncio de esperanza que, como en la pro- hibición de las drogas, “sólo” exigía a cambio sacrificar liber- tades y derechos de toda índole. Un endiosamiento semejante, que sinmediar chivo expiatorio hubiese resultado imposible, tenía que traer, en teoría, resul- tados positivos que no acabaron materializándose en ningún lugar del mundo donde fue aplicado, exceptuando para quienes disfrutaron, no por casualidad, de las cuantiosas ganancias derivadas de operar de estraperlo con todo tipo de productos que escaseaban en el mercado ordinario, así como de las prebendas que obtuvieron aquellas minorías afines al poder inmenso de totalitarios. Como diría Escohotado, los enemigos del comercio totali- taristas, que creyeron que la propiedad privada era un robo y el comercio su instrumento, pronto se toparon con una dura realidad llena de matices que no podían eludir y cuyas con- secuencias imprevistas sem- braron la miseria entre la gran mayoría de quienes sufrieron tales ideas. La inviabilidad de prohibir la propiedad privada y el mercado libre, entre otros disparates que se cometieron, quedó patente, pero los totali- tarios tardaron en considerar esta actitud también derrotista (y algunos nunca llegarán a aceptarla), pues la economía de mercado tampoco ofrecía solución para erradicar defini- tivamente problemas como la codicia, la pobreza o la des- igualdad. De la misma forma, y como también ocurrió con aquellos que abogaban por la derogación de la ley seca sin ofrecer a cambio ninguna manera de ganar la batalla con- tra la embriaguez, existen ámbi- tos en los que terminamos entendiendo, normalmente a trancas y barrancas, que no puede eliminarse un problema social creando un marco que genera incentivos para que apa- rezcan muchos otros. Lo mejor, por consiguiente, es casi siempre un sueño inal- canzable, y, muchas veces, nues- tra búsqueda utópica del mismo acaba chocando directamente con otras estrategias más modestas que podrían lograr unmejor resultado, reduciendo el tamaño del problema y sus efectos colaterales. Aprender a vivir con perjuicios inmortales “Lo mejor es enemigo de lo bueno” Voltaire Muchas personas argumentan que la legalización de las drogas no ofrece garantía alguna frente a los sonados problemas que traen estas sustancias. La legalización tiene, por tanto, matices que pueden ser interpretados como una especie de capitula- ción derrotista en la que entregamos, después de mucho batallar, la victoria al enemigo. ¿Cómo plantear tal opción política cuando la ideología de la prohibición ofrece un plan alternativo para erradicarlos? Aprender a vivir con perjuicios inmortales lo mejor que podamos es, en ocasiones, la opción política más sensata que tenemos por Jose María Escorihuela, @JMEscorihuela Política de drogas y soluciones realistas
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