El Cultivador 33

52 a pie de calle Asumiendo la natura- leza “imperfecta” del ser humano, la raíz del pro- blema de salud pública que conllevan estas sus- tancias siempre acabará surgiendo entre aquellos imprudentes que prefie- ren entregarse al placer inmediato a costa de su bienestar físico y mental a largo plazo. Por ello, y hasta que los seres huma- nos no sean reemplaza- dos por ángeles, tendre- mos que asumir que estos inconvenientes no serán resueltos nunca. Con esto no quiero justificar el ser complaciente ante el sufrimiento de quienes padecerán problemas con el uso de las drogas, al contrario. El punto a estu- diar debe seguir siendo el cómo reducir los ries- gos asociados al consumo pero replanteando la tác- tica, ya que nuestro obje- tivo no debe ser ganar guerras metafóricas, sino tratar el uso de las drogas de la manera más efectiva posible. Como ha constatado tozudamente la realidad estas últimas décadas, la guerra contra las drogas no parece ser la estrategia más eficaz para llegar al fin planteado. Sin embargo, la senda lega- lizadora, que a primera vista podría interpretarse ciertamente como una vía derrotista, no sólo nos evitaría las vergonzantes consecuencias imprevis- tas que acumulamos, esta vez sí, como auténticas derrotas, sino que con- solidaría asimismo otros derechos ampliamente reconocidos como son el derecho a la libertad de conciencia y la libre dis- posición del propio cuerpo, el derecho a la salud a optar por las tera- pias y tratamientos libre- mente, el derecho a la protección del consumi- dor y la posibilidad adi- cional de ofrecer políticas La legalización ofrece todo un abanico de victorias para los derechos humanos

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