El Cultivador 34
27 cultivo exterior bien pequeñas, de unos treinta litros como mucho. Además, dado que el interior de las macetas pequeñas se calienta antes que el de las grandes, se hace imprescindible que éstas sean de colores claros o que estén protegidas del sol directo para que las raíces no sufran daños a causa del calor. Asimismo, tenemos que pro- curar que estén a una cierta distancia del suelo, elevándolas con algo, porque su superficie se calienta de forma conside- rable, favoreciendo el aumento de temperatura en el interior de los tiestos. El sustrato que vamos a emplear es otro de los elemen- tos decisivos a considerar, ya que, al utilizar macetas peque- ñas, su contenido se seca antes por poder retenersemenor can- tidad de agua que en conten- dores más grandes. Por tanto, debemos emplear un sustrato que combine una buena capa- cidad de aireación con una gran capacidad de retención de agua. Para conseguirlo pode- mos añadirle polímeros, que van liberando agua lentamente mientras éste se seca. El uso de fibra de coco sin mezclar estaría totalmente desaconse- jado por ser un sustrato que se seca muy rápido. Los abonos sólidos como el humus de lom- briz o el estiércol de oveja tam- bién mejoran la estructura del sustrato y su capacidad de retención de agua, además de aportar nutrientes a las plantas, de modo que su uso es muy recomendable. Por último, debemos valorar las posibilidades de ocultación que ofrece el lugar donde vaya- mos a cultivar. Normalmente, la opción más práctica para aquellos espacios de dimen- siones reducidas suele ser cul- tivar otras especies vegetales. Aunque esto nos resta sitio para el cultivo de cannabis, hay que tener en cuenta que otras formas de ocultación sue- len consistir en la colocación de barreras físicas que restan luz o que conllevan un incre- mento de la temperatura al restar ventilación, afectando negativamente a las plantas. Durante el cultivo Una vez tengamos planificado nuestro cultivo y hayamos deci- dido si empleamos semillas o esquejes, la variedad, tamaño de los contenedores y sustrato a emplear, entre otros, toca ponerlo en marcha. A la hora de plantar, hay que tener en cuenta que, cuanto más cerca del verano llevemos a cabo la siembra, más calor hará, por lo que debemos extre- mar las precauciones para garantizar la supervivencia de las plantas. Tanto si partimos de semillas como si partimos desde esquejes, durante los pri- meros días, mantendremos a las plantas en interior. El calor excesivo y la exposición solar directa pueden llegar a matar, en cuestión de horas, a las plán- tulas y esquejes recién trasplan- tados. Por tanto, tenemos que seguir necesariamente un pro- ceso de aclimatación antes de situar definitivamente lasmace- tas en exterior. Cuando las plán- tulas estén ya desarrolladas o los esquejes hayan enraizado, pondremos los tiestos a la som- bra en exterior durante los tres o cuatro primeros días, vigi- lando que no muestren signos evidentes de deshidratación como las hojas caídas. Una vez que hayan superado con éxito esta fase, debemos intentar ponerlas al sol fuera de horas de máxima irradiación solar, es decir, en cualquier momento que no sea el mediodía. Si no muestran ningún signo de des- hidratación excesiva, ya pode- mos emplazarlas en su ubica- ción definitiva. Como mencionaba en líneas anteriores, en espacios peque- ños con poca circulación de aire como balcones, el calor tiende a “acumularse”, alcanzándose mayores temperaturas en estas zonas que en otras más aireadas como el alféizar de una ventana. Este exceso de calor más que probable en verano, además de estresar a las plantas, facilita la visita indeseada de insectos y plagas. Por ende, hay revisar las plantas frecuentemente para asegurarnos de que no sufren su ataque, así comomantenerlas en lasmejores condiciones posi- bles para que sus defensas estén en niveles óptimos. Si hemos seguido las indica- ciones dadas anteriormente, no deberíamos tener sorpresas en cuanto a la altura de las plantas, pero siempre puede haber ejem- plar de índica o híbrido que, en contra de lo esperado, tri- plique o cuadriplique la altura alcanzada durante el creci- miento. En estos casos, debe- mos valorar, en función del espacio disponible, si merece más la pena practicar una poda apical o doblar y atar las plantas. Hay que tener en cuenta que la poda apical hace que las plantas desaceleren su crecimiento ver- tical en favor del horizontal, por lo que pueden llegar a abar- car una superficie bastante mayor. Sin duda, la mejor opción si disponemos de poco espacio y la altura empieza a ser un problema, es doblarlas y atarlas de forma queden incli- nadas hacia un lado, ya que, aunque igualmente abarcarán mayor superficie, ésta será menor que con la poda apical. Lo ideal para evitar que las plantas alcancen una altura excesiva es sembrarlas a lo largo del mes de junio debemos emplear un sustrato que combine una buena capacidad de aireación con una gran capacidad de retención de agua
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