El Cultivador 34
52 a pie de calle de ponentes, ha llegado a afir- mar que la ley podría simboli- zar “que se vea como normal el consumo de droga”, ani- mando, además, a legislar el cannabis siguiendo el camino de otras drogas legales, es decir, en forma de restricciones cre- cientes. Como colofón, y para vergüenza del credo liberal, ha rematado su ponencia argu- yendo que “cada uno puede hacer lo que quiera pero la administración debe hacer lo contrario a potenciar el con- sumo”, vistiéndose con un paternalismo prohibicionista indigno de alguien que crea de verdad en la libertad y res- ponsabilidad individual. Raul Moreno del PSC, por su parte, ha alabado el proceso democrático, el esfuerzo y la tolerancia de las federaciones cannábicas hacía todos los par- tidos. Un trabajo de muchos que, no obstante, no parecía que se terminase de creer del todo sabiendo, cómo han dejado claro, que “el Tribunal Consti- tucional se la mirara de cerca” y acabarán acatando, finalmente “y como no puede ser de otra manera”, su resolución. Las declaraciones del diputado Albano Fachín, ponente de Cat- SíQueEsPot, han resaltado, siguiendo la línea típica de esta coalición de izquierdas, lamovi- lización de miles de personas y el hecho de poner al servicio de la gente instituciones públi- cas que son de todos para pro- mulgar una iniciativa que nace, como la marihuana, desde abajo. En un discurso parecido, Sergi Saladié, diputado de la CUP, ha terminado arrancado la sonrisa de más de un inde- pendentista de la sala cerrando su ponencia con un “viva Cata- luña libre y cannábica.” Luego dirán aquello de “Madrid no nos deja fumar porros” Si bien cada uno de los parti- dos tiene una clientela electoral a la que contentar y, como es obvio, resultaría iluso esperar que el discurso de los ponentes fuese a contradecir ideológica- mente a la misma, el hecho es que la posible actuación del Constitucional genera, indiscu- tiblemente, la crispación más notoria entre independentistas y unionistas. Mientras los unos hablan de ser completos y de derechos humanos argumen- tando, cómo no, que poseen todas las competencias, los otros, con Noemí a la cabeza y una clara intención sensacio- nalista, comentan que “luego dirán aquello de ‘Madrid no nos deja fumar porros’”. La cuestión quemás despunta será la primera que estudiaremos aquí, a saber: ¿puede el Tribunal Constitucional suspender la ley de asociaciones en base a que Cataluña busca legislar sobre la Generalitat podrá tener la competencia exclusiva del consumo, pero la producción, incluso en calidad de autocultivo compartido, sigue siendo territorio de otros
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