El Cultivador 35

18 cáñamo N o parece que acabe de tomar forma el c a m b i o de para- d i g m a , una regularización del canna- bis para uso lúdico, siguiendo algunas de las estructuras en las que se enmarca la produc- ción de cáñamo, sobre todo en lo referente a límites máxi- mos de THC, bajo un sistema organizado como cualquier otra industria del sector pri- mario, resultaría en un balance económico positivo. Además de dar empuje a un nuevo sector productivo, se evi- taría la fuga de capitales que se generan en esa economía hoy sumergida e ilícita, y el despla- zamiento de empresas que des- arrollan cultivos e investigan sobre cannabicultura a otros países donde las normativas son más acordes a la realidad. Esos beneficios, invertidos razo- nablemente en educación y sani- dad, impedirían el supuesto aumento del consumo en el que se escudan ciertas voces retró- gradas, y vendría a financiar programas e investigaciones en un campo dondemuchos países ya toman posiciones. En anteriores artículos hemos querido dar unas pinceladas sobre los orígenes del cultivo del cáñamo en la península y concretamente en la zona de Levante, poniendo la vista en las particularidades del manejo cultural y del aprovechamiento de los diversos productos que de él se obtienen, desde las tra- dicionales materias primas hasta los más modernos, es decir, los principios activos de alto interés para la industria farmacéutica. Pero el uso lúdico sigue siendo el gran motor, selección genética, fertilización, iluminación e instalaciones… son negocios rentables gracias a ese producto objetivo. Desde el punto de vista agro- nómico, el cultivo ocupó un nicho agrícola que era rentable con relación a otros cultivos, pero no hemos analizado hasta ahora las afecciones medioam- bientales que pueden darse cuando no se aplican ciertos criterios o un mínimo de tecni- ficación. Esto ocurre principal- mente con el cultivo de cannabis en zonas deprimidas, donde además la finalidad principal es surtir al mercado europeo de los productos con fines lúdi- cos que aquí no podemos culti- var legalmente. Ya desde finales del siglo pasado, existe un crecimiento de las extensiones de terrenos dedicados al cultivo de cannabis y la consecuente producción de hachís enMarruecos, que se ha convertido en el principal pro- veedor de Europa de esta sus- tanciamediante el contrabando. La actividad económica derivada del cultivo del kif y su comer- cialización tiene una influencia capital sobre la comunidad rural de este país, promoviendo ya desde los años 80 una trans- formación socioeconómica y espacial sin precedentes que afecta a una de las áreas más marginales de Marruecos. La expansión del cultivo del cannabis desde la zona tradi- cional, el Rif central y occidental (provincia de Chefchaouen), hacia el sur, el Rif meridional (norte de la provincia de Taou- nate), es un fenómeno con gran- des repercusiones ambientales Conocemos, bajo el prisma de las leyes de la oferta y la demanda, la existencia de un mercado ilícito y todo lo que acarrea en distintos aspectos, tanto económicos como sociales. Desde la demonización de un cultivo con multitud de aplica- ciones, hasta la lacra social que colma el sistema penitenciario de individuos con delitos contra la salud pública de poco peso. Financiamos con grandes partidas a cuenta de nuestros impuestos el mantenimiento de este sistema. Cannabis y medioambiente El caso de Marruecos por Brigida Aránega, ingeniera agrónoma La expansión del cultivo del cannabis desde la zona tradicional [marroquí] hacia el sur es un fenómeno con grandes repercusiones ambientales y paisajísticas Ejemplo de deforestación, Talassemtane Cárcavas producidas por la deforestación y la falta de sustento de los su perdida de fertilidad y dependencia de fertilizantes a corto plazo

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