El Cultivador 35
26 cultivo exterior ende, teniendo en cuenta que los cultivos de primavera gene- ralmente no se encuentran en un ambiente óptimo y que la cantidad de luz que reciben es bastante pobre, las plantas pro- ducirán más bien poco. Esto es algo que afecta tanto a las plan- tas fotodependientes como auto- florecientes, que también dependen de la cantidad de luz para arrojar una buena pro- ducción. En lo referente a luz, también debemos tener en cuenta la variación del fotoperiodo natu- ral si cultivamos plantas foto- dependientes. Desde mediados de abril, más o menos, la dura- ción de las noches disminuye de tal forma que las plantas empiezan a crecer. Por tanto, si empezamos nuestro cultivo demasiado tarde o la fase de floración se extiende, corremos el riesgo de que nuestras plantas dejen de florecer para volver a crecer. Si detectamos que esto empieza a ocurrir, debemos proporcionar artificialmente un periodo de doce horas diarias de oscuridad al cultivo para que acabe de florecer. La elección de la variedad Dado lo expuesto anterior- mente, la variedad escogida debe reunir unas características determinadas. En primer lugar, teniendo en cuenta que el riesgo de hongos es elevado, debemos elegir una variedad resistente a ellos. En segundo lugar, debido a la poca intensidad lumínica y a la tonalidad de la luz, en los cultivos de primavera, las plantas producen una pro- porción de hojas bastante alta en relación a la de cogollo, por lo que, a ser posible, cultivare- mos variedades con poca hoja. Por último, si optamos por plan- tas fotodependientes, debemos procurar que tengan un periodo de floración más bien corto si no queremos tener que poner las plantas a oscuras cada día para evitar que revegeten. En cualquier caso, evitaremos las sativas (NLD). Las autoflore- cientes son muy cómodas para este tipo de cultivo, ya que, al no afectarles la reducción de horas de oscuridad diarias de la primavera, no revegetan. El crecimiento En lo referente a la prepara- ción del cultivo, debemos emplear un sustrato sin abono o abonado muy ligeramente, ya que el frío hace que las plantas absorban menor can- tidad de nutrientes y agua. También procuraremos que sea un sustrato aireado y uti- lizaremos un buen drenaje. En caso contrario, las frecuen- tes lluvias de la primavera podrían causar el anegamiento de la zona radicular, dificul- tando la presencia de oxígeno en la misma. Además, si nos es posible, ubicaremos nuestro cultivo en un lugar cubierto, como un porche o bajo un bal- cón. De esta forma, si hay una helada y nos damos cuenta algo tarde, las plantas aguan- tarán por más tiempo. No es aconsejable llevar a cabo este tipo de cultivo en huertos, ni en tierra madre, especialmente en la zona norte de la penín- sula, ya que el clima de la pri- mavera puede comportar cam- bios bruscos como tormentas o granizadas, y las plantas estarían totalmente desprote- gidas. Consecuentemente, los mejores lugares para emplazar nuestro cultivo de primavera en aquellas zonas donde hace bastante frío son patios, bal- cones o terrazas. Por último, es recomendable aportar algún suplemento rico en silicio para aumentar la resistencia a los hongos y fortalecer la estruc- tura. La presencia de agua líquida favorece la dispersión de plagas de seudohongos como el mildiu Si empezamos nuestro cultivo desde esquejes podemos ahorrar unos días de crecimiento Los cultivos de primavera producen una proporción de hoja bastante grande
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