El Cultivador 36

75 pensamiento psicodélico Modigliani, “el príncipe de los bohemios”, supo conjugar en su obra tradición y modernidad, sencillez y profundidad psicológica y nos regaló algunos de los desnudos más sensuales y com- placientes de la Historia del Arte. A pesar de los astronómicos números que alcanzan sus obras en subasta y de que su pintura es fácil- mente reconocible, la filmografía y el tiempo han colaborado a que se le etiquete como otro artista maldito y su imagen se distorsione y se diluya en tópicos. “ Modi” era el apodo por el que llamaban a Modigliani sus amigos. André Sal- mon, como explica Meryl Secrest en la biografía del artista, fue quien asoció el apodo a la palabramaldito: “Su apodo era Modi, que Salmon fue el pri- mero en transmutar en ‘mau- dit’, maldito. Esta visión impla- cable lo pintó como moral- mente defectuoso, una de esas figuras patéticas que se desin- tegran ante nuestros ojos" 1 . Como relata Secrest, Salmon con sus escritos periodísticos publicados en 1926 de “apa- rente celebración” 2 o falsa adu- lación, generaba una imagen con connotaciones negativas de Modigliani. Y, aunque dis- frazaba su lenguaje, bien se entendía que dibujaba a un personaje problemático cuando aludía caprichosamente a sus adicciones al alcohol y las dro- gas. Y, por si esto no fuera sufi- ciente, a esta improvisada cam- paña de desprestigio se uniría un poco más tarde Charles Douglas al escribir largo y ten- dido sobre las historietas que tenía el artista relacionadas con el consumo. Con el paso del tiempo, que opera como un “teléfono roto”, y un poco de ayuda de Salmon, Douglas y otros tantos, se ha configurado una imagen de Modigliani un tanto distorsio- nada, superficial, gestada gra- cias a la unión de tópicos harto manidos. Al final con todo sucede que ni tanto ni tan calvo, que en el medio está la virtud. Por eso conviene relativizar y no creer a pies juntillas las leyendas negras, rojas o verdes que nos quieran contar. En este espacio de El Culti- vador , nos merecen especial interés los casos en los que el consumo de sustancias alte- radoras de la conciencia impactan con el arte. De esa conexión explosiva, muchos amores y desamores han nacido y, aunque no cuestio- namos el gusto por los placeres que se le atribuía a nuestro artista protagonista, sí nos gustaría aligerar la pesada carga de las etiquetas que le han colgado. Puede que así desmontemos algún mito que pese sobre su persona, o sim- plemente podamos aproximar- nos a su obra de un modo más desprejuiciado. por Lupe Casillas Se ha configurado una imagen de Modigliani un tanto distorsionada, superficial, gestada gracias a la unión de tópicos harto manidos Maldito,

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