El Cultivador 37

evitar la infección por hongos, que se ven favorecidos en esta estación. Una vez que hemos planifi- cado el cultivo conforme a los principios de prevención expli- cados, debemos llevarlo a cabo. Dos de los aspectos más impor- tantes en la salud del mismo durante su desarrollo son el riego y el abonado. Las plantas débiles, estresadas o con des- equilibrios nutricionales son más susceptibles a las plagas o enfermedades, por lo que inten- taremos mantenerlas en el mejor estado posible. Procu- raremos que no sufran sequía, ni queden encharcadas y, si el pH del agua está por encima de 7 o las plantas muestran síntomas de clorosis férrica (amarillamiento entre los ner- vios de las hojas superiores por falta de hierro), debemos regu- larlo necesariamente para regar. Por una parte, tanto la sequía como el exceso de riego pro- ducen en la planta una serie de cambios metabólicos que hacen que seamás débil y tenga menor resistencia. Por la otra, el pH influye directamente sobre la solubilidad de los nutrientes del suelo, por lo que debe situarse en torno al 6,5 para que las plantas no sufran carencias. Cuando esto ocurre, sus defensas naturales ante pla- gas y enfermedades disminu- yen. En consecuencia, no sólo debemos prestar atención a la calidad del agua, sino también a la de los nutrientes aportados. Lo más aconsejable para el cultivo exterior es utilizar abo- nos orgánicos. El uso de ferti- lizantes químicos sin los cono- cimientos necesarios para apli- carlos adecuadamente suele ser contraproducente, mermando los recursos defensivos natu- rales de las plantas como los microorganismos del suelo. Además, el elevado nivel de nitrógeno que pueden llegar a presentar algunos de estos insu- mos se relaciona a menudo con aumento en el nivel de plagas y hongos. Lo más práctico y sencillo es utilizar fertilizantes biológicos. No obstante, las plantas cultivadas al aire libre suelen tener una buena capa- cidad de desarrollo y requerir gran cantidad de nutrientes, especialmente si cultivamos en tierra madre. Por esta razón, lo opción más aconsejable es preparar el suelo al labrarlo con abonos sólidos como estiér- col, guano o humus. El estiércol de oveja o la gallinaza suelen ser ricos en nitrógeno y potasio. De modo que añadir uno de los dos a la tierra durante la labranza nos garantiza un cre- cimiento sano y una buena flo- ración, siempre y cuando estén compostados correctamente. Es decir, siempre que hayan 25 cultivo exterior en el cultivo exterior no podemos controlar determinados factores como el clima Las deposiciones de gallinas ponedoras, mezcladas con paja y compostadas, son un excelente abono

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