El Cultivador 38
10 actualidad y activismo fueron los medios de comunicación que cubrieron el evento, como La Sexta, RNE y TeleMadrid. En una cita llena de respeto y libertad, miles de personas marcharon unidas por una regulación del cannabis. Una regulación que las instituciones tardan en realizar, sobre todo teniendo en cuenta los diferentes agentes sociales e instituciones que reconocen el fracaso de las políticas prohibicionistas. Hay que evitar los daños que estas políticas nefastas producen en la socie- dad, como la creciente brecha social que generan los cientos de miles de multas a consumidores, autocultiva- dores y colectivos, dificultando el des- arrollo de un sector que puede ofrecer muchas oportunidades para el tejido social, implementando una política basada en la evidencia, la sostenibilidad y el respeto a los derechos humanos y civiles. Decenas de miles de personas mar- charon ocupando más de un kilómetro de la Gran Vía, sin miedo a expresar la voluntad de millones de consumidores que existen en el país y que realizan sus vidas con total normalidad, en todas las clases sociales y profesiones. Hartos de sufrir una persecución absurda e infundada sobre falsos pre- juicios y corruptelas donde el único beneficiario es el narcotráfico. La marcha culminó en la Plaza de España, que quedó abarrotada por la multitud, lugar donde Beatriz Macho y Héctor Brotons (juristas y represen- tantes de ConFAC) leyeron a dúo el manifiesto de la #MMMM18. A conti- nuación podéis leer el manifiesto. Compañeras y compañeros: Hoy, 5 de mayo de 2018, celebramos un año más la Marcha Mundial de la Marihuana, uniendo nuestra rei- vindicación a los 120 países del mundo que salen a la calle para reclamar sus derechos y la despena- lización del cannabis. Han pasado ya veintidós años desde la primera vez que nos reunimos para reivindicar todas juntas un cambio en la actuales políticas de drogas, con paso firme, con un grito unánime y para que todo el mundo nos oyera: ¡libertad para maría! Veintidós años que bien lejos de suponer el reconocimiento de nues- tros derechos fundamentales, se podrían traducir en todo lo contrario: la actual ley de inseguridad ciuda- dana, ley mordaza para todas noso- tras, castiga la tenencia, consumo y cultivo con sanciones mínimas que parten de los 600 euros y van hasta los 10.000, y que, como siempre, repercuten en el eslabón más débil de la cadena, las personas consumi- doras y que autocultivan. La ley de seguridad vial, que clara- mente discrimina a las personas usuarias de sustancias ilegales frente a las que consumen alcohol y otras sustancias legales, puesto que san- ciona la simple presencia de dichas drogas en el organismo sin importar que se esté o no bajo sus efectos. Castigando a una persona por tener una molécula en el organismo, una situación de la edad media. Las más altas instancias judiciales, a partir de una legislación arcaica e insegura, influenciada por la moral, bien lejos de interpretar las leyes en pro de una sociedad más justa y humanitaria, dictan sentencias demo- ledoras para todas aquellas personas que, en un acto de valentía, deciden autoorganizarse para poder evitar su acceso al cannabis a través de mercados informales. Y sí, claro que existen prácticas delictivas, pero sólo podemos redu- cirlas con una regulación que con- temple todos los criterios necesarios para una normativa integral, justa y eficaz del cannabis en el Estado. La política de drogas que se está aplicando en la actualidad en la mayoría de países del mundo es discriminatoria, punitiva y contraproducente Decenas de miles de personas marcharon ocupando más de un kilómetro de la Gran Vía, sin miedo a expresar la voluntad de millones de consumidores
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