El Cultivador

76 pensamiento psicodélico de medidas restrictivas y punitivas que asoló a Europa en materia de ta- baco. Llegaron a cortar narices e in- cluso a llevar a la horca a los que osa- ran practicar este vicio de echar humo por nariz y boca; vicio que, por otro lado, a los beatos hacía pensar en Satanás y los infiernos. Sea como fuere, el vicio encontró la grieta y surgieron los lugares conmejor publicidad que otros para irte a fumar un pitillo. Holanda era uno de ellos. Ya desde el siglo XVII se alababa la liber- tad holandesa en esta materia. Y es que, por aquellos años, no sólo era ha- bitual el consumo de tabaco en Ho- landa, sino también de marihuana. La razón es que el país se había abierto poco antes a la producción industrial de cáñamo, bien para elaborar cuerdas, o para hacer velas, y este hecho posi- bilitó que se convirtiera en producto de fácil acceso. El consumidor lo obtenía por vía di- recta, o comprado a los muchos ven- dedores de tabaco que también comer- ciaban con cáñamo. Ello está demostrado al haberse encontrado múltiples referencias de partidas de cá- ñamo en los inventarios de los dispen- sarios de tabaco de la época. La picadura de cáñamo solía consu- mirse mezclada con tabaco y cuentan que fueron los navegantes, artistas y soldados los culpables de difundir su consumo por los puertos y ciudades holandesas, llegando a hacer del hábito una costumbre entre muchos campe- sinos y trabajadores que, al terminar su larga jornada de trabajo, se iban a las tabernas, dispuestos a embriagarse un poco con éste y otros placeres. Lle- nando sus copas de vino y cerveza y sus pipas de piedra de Gouda; con un poco de este oriental aliño, olvidaban la rutina y descansaban el espíritu un tanto. Los toeback-drinckers Estas tabernas o precedentes de cof- feeshops eran, como ahora, lugares de encuentro y evasión. Al consentir el consumo de marihuana entre sus pa- redes, atraían a los toeback-drinckers de la ciudad, los fumadores de hierbas variadas. Los toeback-drinckers eran por lo ha- bitual clase trabajadora, campesinos que, como contábamos, compraban o se hacían con algo de marihuana que fumar mientras se tomaban unos vinos al final de una jornada. Hemos podido conocer mejor a estos personajes habituales de los rincones holandeses gracias a la pintura de ar- tistas como Adriaen Brouwer, Sorgh, Ostade y Teniers el Joven. Estos pin- tores han documentado con sus retra- tos la íntima cotidianeidad de las ta- bernas de su tiempo y de sus vidas, y nos han sabido trasladar la atmósfera de estos permisivos y antiguos ambien- tes con sus pinceladas. Sin duda, ade- más de su valor artístico, sus obras son un gran testigo del consumo de can- nabis en la historia. Bien parece a veces al mirar alguno de ellos que nos va a llegar el olor del canuto en cualquier momento. Adriaen Brouwer Adriaen Brouwer (1605-1638) está entre los artistas más conocidos de su país, junto a Frans Hals o Jacob van Ruisdael, como explica JohnMolyneux en Rembrandt y revolución: “las ciu- dades de la república holandesa — Delft, Haarlem y, sobre todo, Ámster- dam— fueron las que se convirtieron en el centro de un florecimiento espec- tacular del arte que incluyó a nombres como Frans Hals, Jacob van Ruisdael, Pieter de Hooch, Jan Stein, Adriaen Brouwer, Carel Fabritius “ 1 . De hecho, aunque no existen pruebas documentales, sí hay fuentes que ates- tiguan que Brouwer recibió formación por parte del pintor Frans Hals en Haarlem. Allí estuvo durante una pro- longada estancia en la que coincidió con Adriaen von Ostade y que lo puso en contacto con el mundo literario tam- bién. Sin embargo, el trabajo en el taller del maestro Hals no fue bien. Dicen que huyó a Ámsterdam debido al mal trato al que lo sometía, cuando lo usaba como copista y malvendía su produc- ción. Más tarde volvió a Amberes. Brouwer era de allí, aunque se cree que nacido en Bélgica. Su obra, dedicada a la pin- tura de género, está plagada de escenas costumbristas en las tabernas de Flan- des y Holanda que, según dice, gustaba Adriaen Brouwer, Sorgh, Ostade y Teniers el Joven han documentado con sus retratos la íntima cotidianeidad de las tabernas de su tiempo y de sus vidas El fumador (1636) es la obra cumbre de Brouwer y un buen ejemplo de estos documentos de taberna El fumador (1636), de Adriaen Brouwer (CCBY-0, Wikipedia) Interior del mesón (1630-1640), de Adriaen Brouwer (CCBY-0, Wikipedia)

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