El Cultivador
77 pensamiento psicodélico de frecuentar. Y él, quizá como nadie, sabe retratar los comportamientos hu- manos y la expresión de las caras de anónimos, sus respuestas de dolor o de asco, por ejemplo. Con un cariño apreciable, retrata la realidad humana más cruda y más decadente y degra- dada, en un entorno tan libre y liber- tino, como la taberna. No obstante, no existe un ánimo mo- ralizador en su pincel. No al menos en el sentido estricto de la palabra, como explican desde el Museo del Prado: “Su obra se basa principalmente en com- posiciones de ambiente campesino ca- racterizadas por una gran carga expre- sionista en los rostros y la representación de fuertes emociones de sus personajes, los cuales, a dife- rencia de otros artistas, sitúa en espa- cios interiores y dota de interesantes alusiones literarias y moralizantes, no como ejemplos de pecado en el sentido religioso, sino vinculados a la falta de autocontrol relacionada con la filosofía neoestoica de Séneca y Justus Lipsius, aspectos que elevan intelectualmente su pintura de género” 2 . La ternura, e incluso socarronería, con la que retrata a sus personajes es apreciable en obras como El fumador (1636), Interior del mesón (1630-1640) o La riña de campesinos (1606-1638). Aunque dentro de su producción po- demos distinguir diversas etapas ca- racterizadas por el cambio en el uso de las técnicas, el color o la composición; a grandes rasgos, podemos observar como su pincelada se va suavizando con el tiempo, va reduciendo los tonos para quedarse con marrones, grises y verdosos, se va abocetando, haciéndose más rápida en aras de mostrar conma- yor precisión las emociones, de hacerse más expresiva. En este progresivo cam- bio, sus personajes ven cómo ganan importancia, son trasladados desde composiciones grupales a primeros planos y se va aumentando su escala. La influencia de Caravaggio, en este caso a través de la obra de Theodore Rombouts, es indudable. El fumador (1636) es la obra cumbre de Brouwer y un buen ejemplo de estos documentos de taberna. En esta pin- tura, el personaje principal mira hacia fuera del cuadro con gesto de sorpresa, a la vez que aspira el humo de su pipa, probablemente rellenada con mari- huana. Uno de sus acompañantes mira al espectador, como interpelándole con unamirada cómplice. Éste es el recurso más directo de Brouwer para introdu- cirnos en la taberna. Por su parte, los demás componentes del grupo están a la suya. Tan costumbrista es la escena que hasta uno de ellos es retratado ex- pulsando mocos por la nariz al estilo futbolista. Y es que Brouwer no tiene escrúpulos para mostrar lo que para muchos en su época podría resultar un comportamiento de mal gusto, así como lo era fumarse un canutillo. Adriaen von Ostade Von Ostade (1610-1685) fue el otro Adriaen, con quien Brouwer compartió a Hals como maestro. A pesar de ser educados bajo el mismo ala, von Os- tade le debe pictóricamente más a Las tabernas de von Ostade, aunque sean las mismas que las de Brouwer, son más frías, menos acogedoras El bebedor , de von Ostade (CCBY-0, Wikipedia) Interior de una taberna (1661), de von Ostade (CCBY-0, Wikipedia) El violinista (1673), de von Ostade (CCBY-0, Wikipedia) Escena de taberna , de von Ostade (CCBY-0, Wikipedia)
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